La ciudadanía catalana, no el TC, tiene la palabra
Las declaraciones de la vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega, en las que insinuaba la posibilidad de aplazar la consulta del 9 de noviembre ante un eventual veto del Tribunal Constitucional español (TC), provocaron, comprensiblemente, preocupación en las fuerzas políticas que el pasado 12 de diciembre acordaron la fecha y la pregunta del referéndum. A un mes de la Diada y a tres del 9N, y por parte de un Govern implicado en el proceso soberanista, ese tipo de mensajes no resulta muy afortunado.
La posibilidad apuntada por la vicepresidenta catalana entra en abierta contradicción con su propia denuncia de judicialización de un proceso político como el catalán por parte del Estado, al mostrar su disposición a acatar lo que resuelva el mismo tribunal que declaró ilegal el Estatuto aprobado por el Parlament y los catalanes. La de Joana Ortega no es una disquisición táctica, sobre la conveniencia de la fecha de consulta para llevar a buen puerto el proceso, sino que argumenta que, para que el proceso sea «impecable», es preciso buscar una legitimación, la de la legalidad española, que en modo alguno se puede anteponer a la legitimidad que la sociedad catalana confiere al referéndum. Apelar al diálogo con Madrid –diálogo al que Madrid está cerrado– para acordar la celebración de la consulta es ni más ni menos que dejar la posibilidad de expresarse de la ciudadanía catalana a expensas de la voluntad de Madrid, de sobra conocida. Esa disposición a renunciar a la consulta en caso de no contar con el «permiso» del TC supone dejar en manos del Estado español el derecho a decidir sobre Catalunya –un derecho cuyo único sujeto es la ciudadanía catalana– o, lo que es lo mismo, negárselo a su sujeto.
Una de las razones para dudar ante el referéndum del 9N es el miedo. Pero no debido a cuestiones políticas, sino a una reacción no democrática del Estado español. Miedo al miedo del unionismo español a que el pueblo catalán se exprese, es decir, a la democracia. Un miedo que define a quien de una u otra forma lo demuestra. Frente a él, los catalanes tienen la oportunidad que ellos mismos han creado. Tienen la palabra; primero, nuevamente el Onze de Setembre; después, el 9N.