La mejor versión que podemos mostrar como personas y país

El cruce epistolar entre los miembros de la sociedad civil detenidos en Luhuso y ETA muestra varias cuestiones ética y políticamente relevantes. La más importante, quizás, sea el compromiso de Michel Berhocoirigoin, «Txetx» Etcheverry y Michel Tubiana con un futuro de paz y justicia, su determinación para no ceder al fatalismo y hacer lo necesario para acercar ese horizonte. Los arrestados no eran ajenos a los riesgos que sus decisiones conllevaban, ni ignoraban las dificultades para llevar a buen puerto su misión de paz. La operación policial para sabotear este intento de desarme lo ha dejado claro, también el hecho de que ellos tuviesen preparada toda la documentación por si esto sucedía. Es una decisión consciente y coherente. Ellos mismos expresan en sus cartas tanto esas dificultades como su firme voluntad de superarlas. Ante una situación de bloqueo han decidido aportar su prestigio y arriesgar su posición para abrir nuevas oportunidades a este país y a sus próximas generaciones. No se han amilanado ante los peligros y han dado la mejor versión de sí mismos. Han mostrado un principio humanista y una ambición personal y comunitaria que debería primar en la acción política.  
         
Es extraño no empatizar con estos activistas por la paz, no contemplar su valor o valorar su decisión. Si no se tiene un espíritu vengativo o despiadado, una ideología reaccionaria y securocrática o un interés político en que el desarme no se dé, no existe razón para no ponerse de su lado. La única razón para dudar sobre la bondad de esta iniciativa es la prepotencia del «qué se pensaban» o la permeabilidad al discurso contrainsurgente, a la retórica militar del «vencedores y vencidos». Frente a la tentación cínica que anula lo mejor de uno mismo y enciende los más humanos demonios, frente al victimismo y la frivolidad, frente a la apatía condescendiente y a los expertos en pequeñeces, las palabras y los actos de los miembros de la sociedad civil impelen a denunciar el sabotaje al desarme, a tomar posición y a apoyar este esfuerzo en favor de la paz.

Por otro lado, en sus misivas la organización vasca expresa una disposición total a avanzar en sus compromisos de desarme, con sentencias contundentes como «nuestro objetivo es declarar lo antes posible a ETA como organización desarmada». Esa voluntad ha sido una y otra vez refrendada por ETA, tanto en sus acciones como en sus comunicaciones, pero estos textos internos contienen una sinceridad explícita que no deja lugar a las dudas, sean estas inocentes o fingidas.

En este sentido, la respuesta del Gobierno de Urkullu ayer fue decepcionante. En contraste con la mediocridad del establishment del sur, afectado en exceso por las inercias metropolitanas y por intereses partidistas, el norte de Euskal Herria está dando grandes lecciones políticas. En un momento en el que el debate partidario es muy intenso, con dos elecciones a la vuelta de la esquina y una crisis latente y general en el Estado francés, los representantes políticos de Ipar Euskal Herria dieron ayer una nueva respuesta unitaria.

La operación resulta tan delirante que ha provocado además la reacción de diferentes sectores de la sociedad francesa. Los poderes fácticos policiales de Madrid y París actúan obscenamente, hasta el punto de atribuir la operación en suelo de la República a la Guardia Civil, algo que sienta muy mal al alma chovinista de los franceses. Puede que hayan errado en su cálculo político y que la sucesión de este tipo de operaciones, la escalada en irracionalidad de las mismas, tenga a medio y largo plazo efectos perversos para sus intereses bélico-políticos.

Dependerá tanto de sus errores como del acierto en plantear alternativas a esos delirios represivos. En la búsqueda de nuevas épicas para esta fase política, hay que poner en valor el ejemplo de los arrestados en Luhuso, también de los detenidos en operaciones anteriores que buscaban facilitar el desarme o les dieron asilo. El protagonismo de la sociedad civil es muy importante. Junto con los actos en favor de los derechos de los presos y de su liberación o los eventos destinados a labrar perspectivas inclusivas, empáticas y resolutivas en el ámbito de las víctimas, la agenda de soluciones está poco a poco logrando reequilibrar el debate sobre las causas y las consecuencias del conflicto en parámetros de justicia y de futuro. La pendiente moral oscila, aunque sería mejor que no fuese a consecuencia de la violación de derechos. Estar en el lado de la razón y en la posición ética correcta, dar lo mejor de uno mismo y proyectarlo como país son la base para avanzar.

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