La memoria es siempre un ejercicio del presente

El Puente Avenida, que une Irun y Hendaia, ya es Lugar de Memoria Democrática. La decisión del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática del Gobierno español es oficial desde ayer. De este modo, esta histórica vía de unión entre Gipuzkoa y Lapurdi, inaugurada en 1915, pasa a engrosar la lista de lugares de memoria oficiales en el que están Gernika, el fuerte de Ezkaba y el palacio de La Cumbre. Los méritos del lugar están más que acreditados. Es el puente que atravesaron más de 15.000 personas, vascas en su inmensa mayoría, nada más empezar la guerra del 36. Conquistada Irun, fue un punto clave para los golpistas. Allí recibieron, de manos de la Gestapo, a Julian Zugazagoitia y a Lluís Companys, a los que fusilaron poco después.

Al margen de las vicisitudes históricas, la orden ministerial también destaca que el puente fue «el primer paso internacional por carretera a través del que España se abría a Francia» y que es «un símbolo de cooperación franco-española». En cuatro páginas de documento no hay una sola referencia al evidente hecho de que ese puente unió también dos comunidades de un mismo pueblo: el vasco. Nacionalismo banal español y negación nacional vasca van a menudo de la mano. Tampoco se menciona a las miles de personas que, durante el Franquismo, cruzaron este puente en busca de un futuro económico mejor en el norte de Europa, previo paso por el Edificio de Emigración de la misma villa guipuzcoana. No son diferentes a los migrantes que hoy cruzan ese mismo puente y el de Santiago rumbo al norte.

La noticia del nombramiento es positiva, evidentemente, pero los olvidos son reveladores. Porque la memoria ni es una, ni es estática. De hecho, ni siquiera tiene que ver sobre todo con el pasado. Es un ejercicio diario del presente, a través del cual una comunidad busca referencias e identidad. La memoria no puede ser un fósil, sino una herramienta para conectar pasado y presente, para entender que ese puente siempre sirvió para unir dos orillas de un mismo pueblo y que quienes hoy lo cruzan clandestinamente no son diferentes de quienes lo hacían hace seis y ocho décadas.

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