La parálisis no es una opción en tiempos de crisis
La OTAN celebra estos días en Ankara una nueva cumbre para mayor gloria del presidente de EEUU, Donald Trump, que ayer volvió a arremeter a diestro y siniestro bajo la mirada servil del secretario general de la organización, Mark Rutte. Del estrangulamiento austericida a los países del sur de Europa durante la crisis de 2008 a la claudicación ante el peor inquilino que ha tenido la Casa Blanca, el ex primer ministro de Países Bajos concentra en su nefasta figura algunos de los principales males que acosan a Europa.
Trump cargó contra Irán y dio por enterrado el memorando de entendimiento alcanzado con Teherán, volvió a reclamar el derecho divino estadounidense sobre Groenlandia y arremetió una vez más contra el Estado español, al que no perdona no haberse sumado hace un año al compromiso de dedicar un 5% del PIB a gasto militar. A estas alturas, Trump, al menos, ha perdido el factor sorpresa. La manera de encajar sus arremetidas, sin embargo, varía de país a país. Irán llevaba tiempo preparándose para un escenario de guerra y, apoyado en su control sobre Ormuz y en la dependencia global hacia los combustibles fósiles, ha sido capaz de devolver los golpes a EEUU e Israel en una guerra asimétrica. Washington sigue atrapado en ese avispero y no tiene ya salida buena. La firmeza y la adecuación de su estrategia a sus posibilidades le han permitido a Irán salir, al menos de momento, reforzada del envite estadounidense.
En dirección inversa, nadie en Europa pareció esperar la animadversión trumpista. Y nadie parece querer reaccionar ante ella. Este inmovilismo tiene su precio incluso para Dinamarca o el Estado español, dos de las notas discordantes en el continente. En mayo se supo que Copenhague y Washington negocian la instalación de nuevas bases estadounidenses en Groenlandia, mientras que Madrid no para de aumentar su gasto militar por la puerta de atrás. Europa ha optado por hacer el avestruz a ver si así acaba antes la legislatura trumpista. La parálisis, sin embargo, no es una opción cuando todo alrededor está cambiando. El mandato de Trump acabará, pero es iluso pensar que con ello el mundo volverá al cauce anterior.