La UE debe dejar de hacer el ridículo con Israel

Más de 400 activistas de la Flotilla Global Sumud, muchas de ellas europeas, fueron detenidas ilegalmente por Israel en aguas internacionales el martes. Ya debería haber sido suficiente para que en Bruselas se moviese algo. Posteriormente, fueron trasladadas en buques-prisión del Ejército sionista al puerto de Ashdod, donde muchas de ellas fueron maltratadas y heridas. Varias personas –entre ellas dos de las seis vascas apresadas– han tenido que recibir atención hospitalaria en Turquía, país al que las integrantes de la flotilla fueron deportadas. Tampoco fue suficiente para que alguien en la Comisión alzara la voz. La guinda la puso el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, que mostró las vejaciones y se burló de los detenidos en un vídeo. Silencio administrativo en Bruselas.


Tuvo que ser finalmente Irlanda, ayer, la que propusiera imponer un veto al comercio con las colonias ilegales en Cisjordania, una medida irrisoria –por insuficiente– que tampoco tiene visos de prosperar, fiel reflejo del ridículo europeo frente a Israel. Ni en defensa de la dignidad de sus ciudadanos maltratados es capaz de alzar una voz que debía haber levantado hace muchos años por la constante política sionista de ocupación y exterminio contra el pueblo palestino. Ni como garante de los derechos humanos ni como garante de la seguridad de sus ciudadanas; la UE naufraga y pierde toda credibilidad en la arena internacional, tanto a ojos de sus potenciales aliados como ante la mirada burlona de sus adversarios declarados.


En cualquier caso, nada de todo esto tiene sentido si no es para poner en primer plano el genocidio que, por mucho que sea de una intensidad menor que la de hace unos meses, sigue sufriendo el pueblo palestino a manos de Israel. Si el Ejército sionista no tiene problema en torturar y mofarse de ciudadanos de países supuestamente aliados, ¿qué no hará en sus prisiones, en los callejones derrumbados de Gaza o en las aldeas palestinas de Cisjordania? Poner fin al proyecto sionista es uno de los grandes deberes civilizatorios de esta época.

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