La UEFA carga contra el sentir independentista
La frase que el entrenador Vujadin Boskov –«fútbol e fútbol, e gol e gol»– decía de manera recurrente a causa de su escaso manejo del idioma acabó convirtiéndose, reducida a su primera parte, en uno de los tópicos que rodean al fútbol. El Gobierno español ha acostumbrado también a repetir la idea de que el fútbol es solo fútbol y que no caben en él manifestaciones políticas, sociales o culturales. Pero, además de una vía de escape para mucha gente, y además de una manera de vivir unos sentimientos muy difíciles de racionalizar y explicar, es también un espacio de lucha. En el campo se enfrentan dos equipos, pero también historias, identidades y aspiraciones. Y buen ejemplo de ello es la persecución que ha desatado la UEFA contra las esteladas, las banderas independentistas catalanas.
De la misma forma y en la misma cuantía que se sancionan la exhibición de las banderas nazis o los cánticos racistas, el máximo organismo del fútbol europeo ha puesto en su punto de mira a las esteladas. Son ya varias las multas por que los seguidores blaugranas las han mostrado ante el mundo en diferentes competiciones europeas. Y lo han hecho siempre, hace décadas, en el ejercicio de su libertad, desde el respeto y sin hooliganismo, sin violencia alguna, solo como expresión de identidad y ambición.
Vista tan larga historia, no parece que la UEFA haya actuado ahora de motu propio. Al contrario, el Gobierno español ha alentado este nuevo ataque, simbólico sí pero a la vez muy revelador, al proceso político catalán sabedor del momento histórico que vive, consciente del enorme valor icónico y la proyección planetaria del F.C. Barcelona. Pero se equivoca. El momento que vive la sociedad catalana no está para medias tintas. De ahí que el Barça plante cara a la UEFA y esté dispuesto a llevarla hasta Estrasburgo. Un paso, no exento de riesgos, en la misma dirección de la mayoría social catalana. Con este tipo de castigos, Madrid no conseguirá que el F.C. Barcelona deje de ser «más que un club», ni hará invisible el sentir independentista de su masa social, ni las ansias de libertad de Catalunya.