Los debates económicos pendientes de la izquierda

Se utiliza la metáfora del cisne negro para referir un suceso inesperado y con un profundo impacto, como ha sido, por ejemplo, la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Tras un acontecimiento de estas características, la reacción más humana suele ser tratar de racionalizar lo sucedido, de explicar a posteriori las causas del fenómeno. Sin subestimar ese afán, conviene, sin embargo, situar el foco en el porvenir. La elección de Trump, anteriores victorias de la derecha o las perspectivas de las fuerzas de la ultraderecha en futuras elecciones muestran una creciente debilidad de las alternativas planteadas por la izquierda en todo el mundo. Fragilidad que es especialmente patente en el ámbito económico a consecuencia de los duros embates de la globalización neoliberal sobre las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Como apunta el sociólogo César Rendueles, en una entrevista que publica hoy GARA, uno de los mayores problemas de la izquierda es que no ha sabido ofrecer una alternativa para mejorar las condiciones materiales de vida de la gente. Y esa incapacidad está directamente relacionada con el hecho de que buena parte de esa izquierda ha asumido el paradigma económico liberal basado en la primacía del libre mercado y el papel subsidiario tanto del Estado como de las políticas públicas. El objetivo del crecimiento como remedio a todos los males económicos cierra el marco en el que se ha planteado la discusión política. Y en esas condiciones cualquier debate sobre política económica simplemente desaparece. Tampoco ha sido menor la aportación de la UE con la imposición indiscutible y cerrada de políticas de recortes sociales.

Si la izquierda no es capaz de encauzar ese creciente malestar social hacia posturas progresistas con alternativas económicas sólidas que modifiquen radicalmente las relaciones de producción existentes, será la extrema derecha la que termine por llevarse el gato al agua.

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