M27: presente, futuro y también pasado
Miles de personas participaron ayer en una de las movilizaciones estudiantiles más importantes de los últimos años en Euskal Herria. Durante toda la jornada, tanto dentro de los centros de enseñanza como en la calle, la convocatoria de huelga fue secundada de forma masiva, poniendo un broche exitoso a la dinámica emprendida en favor de un sistema educativo propio –«del pueblo y para el pueblo»– y en contra de leyes y planes sectoriales como la Lomce, EU2015 y Heziberri 2020.
Es una expresión recurrente la que sostiene que los estudiantes representan el futuro de un país, una afirmación cierta pero que a veces se utiliza como pretexto para hurtar a ese sector el protagonismo que tiene en el presente. El movimiento estudiantil siempre ha sido uno de los principales activos de la reconocida capacidad de movilización de este pueblo, y en este caso es un tema «propio» el que les ha llevado a plantarse: la constatación de que existe una apuesta por la privatización del sistema educativo por parte de todas las instituciones, desde las europeas hasta las autonómicas, y la política recentralizadora del Ejecutivo del PP, también en este ámbito, han generado una respuesta como hacía tiempo que no se veía. Toda movilización que se centre en el ámbito docente es, además, doblemente meritoria, pues en gran medida serán otras generaciones las que perciban sus beneficios. Puede decirse que quienes ayer dejaron las aulas y ocuparon las calles pusieron los mimbres para que ese futuro que les dicen que representan sea lo más decente posible.
Presente y futuro, por tanto, pero también pasado. El marcaje policial al que fueron sometidos los estudiantes es impropio de una sociedad moderna y democrática. Un sistema que envía a la policía a un campus o a un instituto a hostigar a quienes se movilizan por mejorar el sistema educativo no tiene futuro. Esa es una lección que algunos se empeñan en no aprender.