Más allá del fin del expolio, memoria para el presente

El Pazo de Meirás, originariamente vivienda de la escritora gallega Emilia Pardo Bazán, resulta más conocido por haber sido residencia de verano del dictador Francisco Franco y símbolo del poder de su régimen. Desde ayer es oficialmente Lugar de Memoria Democrática, tras varios años de movilización ciudadana que no solo reclamaba su devolución al patrimonio público, sino también que se destinara a la recuperación de la memoria histórica. 

Hace seis años que los tribunales reconocieron la propiedad pública del inmueble, comprado en 1938 gracias a las aportaciones obligadas de ayuntamientos y particulares, y ampliado gracias a las expropiaciones de propiedades aledañas con métodos represivos y amenazas. Poco después incluso fue registrado ilegalmente a nombre del dictador, por lo que durante décadas fue considerado patrimonio privado de su familia. Más allá del expolio, el Pazo de Meirás fue una de las sedes oficiales de la dictadura franquista hasta la muerte del dictador. Mayor mérito tuvo la ocupación simbólica que llevó a cabo un grupo de activistas en 2017 y que sirvió de revulsivo a la reclamación del pazo como patrimonio público. Además, dicha ocupación, si bien provocó una denuncia de la familia Franco, fue el referente que dio consistencia a la movilización por la recuperación de la memoria histórica. A ella se sumó una demanda judicial de la Abogacía del Estado, apoyada por varias instituciones gallegas, que prosperó en 2020, cuando un Juzgado de A Coruña resolvió que la familia Franco debía devolver el inmueble que había tenido en su poder durante 82 años. 45 años después de la muerte de Franco. 

Ahora se reconoce oficialmente su carácter de lugar trascendental para comprender la dictadura franquista y a la vez preservar el recuerdo de su represión y la lucha por las libertades. Justo es que lo que fue sustraído del patrimonio público sea devuelto al mismo; sin embargo, se trata de algo más que de un edificio y un terreno a su alrededor porque, si bien el Pazo de Meirás es un símbolo del pasado, es preciso tener muy presente la dura y larga represión que representó, tanto en Galiza como en todo el Estado español. 

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