Mejor realidad que ley y fiesta que bronca

Uno de los primeros efectos del cambio en las instituciones navarras hace trece meses fue que las fiestas populares que empezaron casi acto seguido evitaron los conflictos ligados a la prohibición de símbolos y fueron así más fiestas que antes. Y hablar de ello en Nafarroa es hablar sobre todo del chupinazo sanferminero de Iruñea. Aunque parezca increíble todavía hay quien, imbuido por la ceguera política y la mala digestión de la derrota electoral, parece añorar aquellos 6 de julio de la última década con decenas de policías pertrechados con material antidisturbio en las entradas a la Plaza del Ayuntamiento, detenidos, empujones, insultos, porrazos y botellazos, que entre otras cosas han dejado como secuela un joven malherido y otro encarcelado. Era parte de una estrategia de crispación gratuita que no siempre le salió bien al régimen: los cuatro «arrantzales» que colgaron la ikurriña ante el Consistorio hace dos años relanzaron la reivindicación y mostraron la enseña a todo el planeta.

El cambio institucional normalizó la situación en 2015 y la inmensa mayoría de la gente lo saludó y celebró. Sin embargo, las leyes van habitualmente muy rezagadas respecto las realidades sociales y otro tanto ocurre con ciertos políticos en relación la ciudadanía a la que dicen representar. Y así, a día de hoy sigue vigente en Nafarroa la Ley de Símbolos prohibicionista y excluyente aprobada por UPN y PSN hace más de una década. En ejecución ciega de una norma absurda y trasnochada, los tribunales navarros han comenzado ahora a dictar sentencias contra los ayuntamientos que optaron por la realidad y la fiesta antes que por la ley y la bronca. No menos estúpida resulta la alegría de UPN, alardeando de victoria judicial cuando la que pierde es la ciudadanía. Y todo ello solo cabe entenderlo como una provocación, pero en ningún caso para reproducir aquellos incidentes pasados que nadie añora, sino para tirar esa norma al vertedero de la Historia cuanto antes.

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