Mirar para otro lado no es una opción
La decisión del Tribunal Constitucional español de no admitir a trámite el recurso contra la inhabilitación de Arnaldo Otegi sigue cierta lógica. No es una lógica jurídica, pero no solo es una lógica política. También es humana, una lógica que responde a un instinto que se desarrolla desde muy pequeños: una vez decididos a hacer algo realmente vergonzante, mejor hacerlo de una tacada, no aplazar el ridículo. Es un cálculo cobarde, pero no por eso deja de tener un sentido, por patético que este sea. Si ya estaba decidido que Otegi no se podía presentar, ¿para qué dar más explicaciones, aumentar el escándalo, ponerse más en evidencia, intentar justificarlo? Es una visión infantil, pero es que la cultura democrática española resulta así de pueril.
Si creemos que la sociedad vasca es diferente, es madura y ha aprendido algo de estas décadas, debe actuar de manera diferente. Mirar para otro lado ante la injusticia y la segregación no es una opción. En este conflicto todo el mundo lo ha hecho, y el que diga que no, miente. Unos más que otros, unos en unas cosas y otros en otras, es cierto. Pero el momento histórico reclama cambiar de esquemas, hacerlo mejor. Menos aún pueden desviar su responsabilidad quienes ven cómo se veta a un adversario elegido por su gente; que tiene un proyecto antagónico al suyo, quizás, pero pacífico y democrático. Antes o después los líderes de PNV, PSE y Podemos se verán en la obligación de mirar a los ojos a esas personas. A Otegi, sin duda, y a quienes no podrán depositar una papeleta en una urna con el nombre de su legítimo candidato. Para entonces, si no están ahora a la altura de la situación, si no es que son unos sinvergüenzas o unos arrogantes, esquivarán su mirada o bajarán la cabeza. Y este pueblo no se puede dirigir sin mirar a la gente o agachando la cerviz. Este pueblo merece que lo dirijan personas con altura de miras, con empatía y valentía, con un espíritu democrático que atienda a los deseos y voluntades de toda la ciudadanía vasca.