Pensamiento crítico y otra óptica para mirar el mundo
En 1616, hace ahora 410 años, la Inquisición decretó que las ideas de Galileo Galilei, inspiradas en las teorías de Nicolás Copérnico, los datos de Tycho Brahe y las leyes de Johannes Kepler, sumadas a sus propias observaciones y teorías, eran «tontas, absurdas y formalmente heréticas, porque contradecían las Sagradas Escrituras». El cardenal Belarmino, a instancias del papa Pablo V, ordenó a Galilei que abandonase el heliocentrismo, dejando la Tierra y al hombre en el centro del universo, y a dios a cargo de todo. Él se resistió. La nueva astronomía se abrió camino gracias a la curiosidad, la inteligencia y la perseverancia de la comunidad científica. Esa revolución cambió de una vez por todas la manera en la que el ser humano mira al cielo y a la Tierra.
El eclipse solar total que ayer dejó a media Europa y a Euskal Herria a oscuras por unos segundos, es una buena excusa para reivindicar el pensamiento crítico y la cultura científica. El «hombre» ya no está en el centro, a pesar de que el patriarcado sí que rige. No obstante, muchas personas se resisten a ese giro copernicano y el individualismo es tendencia. Todas la alarmas institucionales y comunitarias del país estaban encendidas para evitar desastres provocados por personas que planeaban eludir las recomendaciones de la comunidad científica, entre otras. Hoy tocará hacer un primer balance de incidentes, heridos y costes de un fenómeno que se convirtió en espectáculo familiar y en negocio, como casi todo.
En una jornada donde la otra única noticia del día era la rutina genocida de Israel en Palestina, uno de los riesgos más destacados eran los traslados masivos y los incendios. Todo ello en medio de una ola de calor que no da tregua, en el contexto de la emergencia climática, que la comunidad científica hace mucho que advirtió que era responsabilidad de la actividad humana, en especial de las corporaciones y los Estados. El sistema capitalista promueve una combinación de fatalismo, privilegio y depredación que hacen el mundo inviable. El compromiso con el entorno, el pensamiento crítico y la esperanza política son sus antídotos. Con esa óptica habrá que seguir mirando a la Tierra a partir de hoy.