PNV-PSE, un pacto de poco futuro y peor pasado
Guste más o menos el estilo de docudrama escogido por ese programa de ETB, el capítulo de “El lector de huesos” emitido el domingo noche no podía resultar más oportuno para formularse un buen número de preguntas sobre acontecimientos políticos del presente. De la mano del forense Paco Etxeberria, del periodista Dani Álvarez y de otras voces tan ligadas al caso como Iñigo Iruin, Iñaki Gabilondo y obviamente Pili Zabala, se hurgó en el caso de los secuestros, torturas y muerte a Joxean Lasa y Joxi Zabala. Se trata de una historia que no por conocida deja de estremecer cuando se recuerdan sus durísimos detalles. La serie la contextualizó correctamente al incluir testimonios rotundos sobre las responsabilidades de la cúpula del PSOE o sobre la práctica sistemática de la tortura.
Si desolador era revivir de nuevo aquel tremebundo crimen de Estado, desesperanzador resulta comprobar cómo hoy, dos décadas después, un altercado puntual en un bar de Altsasu es utilizado para recrear la ficción de que la Guardia Civil es víctima y no verdugo en este país. O cómo la vara de medir moralidades que aplica el PNV sobre EH Bildu no es la misma que utiliza para el PSOE, al que Iñigo Urkullu no parece haber preguntado en ningún momento si «matar estuvo mal», y eso que, visto el golpe de mano reciente en Ferraz, un tal Felipe González sigue mandando mucho más de lo que parece.
La reedición de los acuerdos PNV-PSE es ante todo una mala noticia para el mañana de este país, porque se trata de un acuerdo insuficiente no ya en términos de aritmética parlamentaria sino de contenido político, de búsqueda de soluciones. También pésima es la constatación de que el Estado sigue prefiriendo llenar cárceles a vaciar cuarteles, que es lo que marca la lógica de los tiempos cinco años después del fin de la acción armada de ETA. De cara al futuro ni una ni otra cosa tienen sentido, pero si se leen desde el prisma del pasado es peor aún: provocan espanto.