Poner la diana en la migración no es inocuo

El pasado jueves una persona migrante sentada en la calle Duque de Mandas del barrio donostiarra de Egia recibió tres disparos de balines lanzados desde un balcón, según denunció ayer Donostiako Harrera Sarea. El agresor, todavía sin identificar –los hechos están ya denunciados–, utilizó posiblemente un arma de aire comprimido e hirió al joven en la espalda y en la cara, por lo cual tuvo que recibir asistencia sanitaria. La entidad denunciante calificó el suceso de «ataque racista» sin lugar a dudas.

En una ciudad que durante el verano ha situado a la población migrante sin recursos en el punto de mira, lo ocurrido adquiere una gravedad aún mayor. Porque en verano en Donostia no solo se han prohibido las cenas solidarias que una iniciativa popular repartía entre personas sin hogar, es que esa decisión, contraria a todo valor humanista por definición, ha sido acompañada de una retórica justificatoria que ha señalado de forma directa a la población migrante. La resolución de la Alcaldía en la que se prohibió el reparto de comida señaló «problemas de seguridad ciudadana» y puso en la diana a un colectivo muy concreto: «Personas extranjeras, de procedencia mayoritariamente norteafricana». La irresponsabilidad de semejante señalamiento institucional, que da alas a los grupos en constante campaña racista contra la población migrante, no es ajena al ataque del jueves, como tampoco lo es el lenguaje empleado por medios y políticos de derechas durante la crisis de Ceuta.

Cuidar las palabras que se emplean y los terrenos que se abonan es crucial. No es lo mismo hablar de «personas migrantes» que de «invasores», igual que no es lo mismo culpar de la inseguridad a un grupo señalando su origen que hacerlo apuntando a su situación socioeconómica. En el primer caso, el peso del problema se sitúa sobre la migración, en el segundo, sobre la pobreza. No se trata de eludir problemas, sino de hacerles frente de forma justa y humana, respetando la dignidad de todas las personas y sin alimentar una hoguera xenófoba que amenaza con barrerlo todo, también a quienes incautamente compran los discursos a la extrema derecha.

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