Rubalcaba ata al PSN a un barco que se hunde
Alfredo Pérez Rubalcaba fijó ayer posición respecto a la situación política en Nafarroa, haciendo pública su apuesta por dar estabilidad a un Ejecutivo lastrado por los recortes, el escándalo de Caja Navarra y la pugna en el partido gobernante. En un foro al que asistieron la presidenta, Yolanda Barcina, su rival en UPN, Alberto Catalán, y su antecesor, Miguel Sanz, además del secretario general del PSN, Roberto Jiménez, el líder del PSOE ejerció de parapeto ante el cambio.
Rubalcaba sostuvo que las elecciones no son la solución, ya que conllevarían una situación de inestabilidad que podría durar meses. Una inestabilidad que, en todo caso, sería la propia de cualquier contienda electoral y que no sería mayor que la que hace más de medio año sufren las instituciones navarras, que ya ni siquiera un nuevo pacto de gobierno podría remediar. Hoy por hoy, la zozobra va más allá de mayorías aritméticas, y la sociedad da por amortizado al Gabinete de Barcina. Intentar apuntalarlo constituye un error mayúsculo al que el político cántabro pretende empujar al PSN. Sería el segundo en muy poco tiempo y quizá la puntilla para un partido en constante declive electoral.
La razón de Estado siempre ha primado en la posición del PSOE respecto a Nafarroa, y esa es la baza que vuelve a jugar ahora. Sin embargo, ni el tiempo pasa en balde ni la sociedad permanece impasible. Después de soltar amarras buscando un perfil propio, volver al redil del Gobierno es atarse a un barco que se hunde y dar un paso más hacia la irrelevancia. Porque, anticipadas o no, al final habrá elecciones y es posible incluso que cuanto más tarden en celebrarse mayor sea el castigo para quienes están causando semejante destrozo en la economía y en el propio tejido social. Rubalcaba, después de llevar al PSOE a los peores resultados de su historia, guía al PSN por el mismo camino. Quienes trabajan por un cambio real en la política navarra no podrán agradecérselo lo suficiente.