Sanz y Barcina, un doble hundimiento
Incorregible en el penoso estilo que ha empleado en sus quince años al frente del Gobierno, el expresidente navarro y de UPN Miguel Sanz señalaba ayer a la iniciativa popular Kontuz en estos términos: «Algunos de los que han estado apuntando con las pistolas ahora apuntan con Caja Navarra». No es nuevo que los gobernantes del régimen intenten parapetarse tras ETA todavía hoy, retorciendo sus argumentos hasta el ridículo. Pero sí es nuevo que a Sanz se le haya agotado completamente la capacidad de engañar a la ciudadanía navarra. Porque, lo sabe todo el mundo, quien ha ordenado investigar su patrimonio no es una oposición radical abertzale, sino un juez de la Audiencia Nacional española (Eloy Velasco), y quien se encargará de ello es una unidad de la Policía española (la UDEF). No caben mayores garantías para los intereses de Miguel Sanz ni del resto de exresponsables de Caja Navarra.
Fiel igualmente a su estilo, menos directo y bronco y más sibilino e hipócrita, la actual presidenta, Yolanda Barcina, tiraba ayer de sarcasmo al elogiar en su discurso navideño la «acción incansable» de la Justicia contra la corrupción. Pues tampoco Barcina engaña a nadie ya; sus gobernados, incluidos los votantes de UPN, saben perfectamente que se negó a adelantar las elecciones para preservar un aforamiento que le permitía ser investigada, y consiguientemente exculpada, en el Supremo español y no en un tribunal navarro.
Olvidan uno y otro que la investigación ahora relanzada en la Audiencia Nacional en el fondo solo va a determinar hasta dónde llega el volumen de la rapiña en la CAN. Sean o no exculpados judicialmente, se constaten o no nuevos enriquecimientos ilícitos, aumente o no su responsabilidad en el agujero negro en la caja, la evidencia del cobro de dietas inaceptables con un mecanismo creado al efecto está a la vista de todos y supone la prueba palmaria de una doble pobredumbre: moral, en su condición personal, y política, en su carácter de representantes públicos. Todo intento de disfrazarlo solo acelera el hundimiento.