Sin una abogacía libre, se impone la ley de la selva

La Coalición Internacional por el Día de la Abogacía en Riesgo, que cada 24 de enero elige un país sobre el cual poner el foco por las amenazas que sufren en él las letradas, ha escogido este año a EEUU. Para esta coalición de asociaciones y colegios de diversos estados, el país norteamericano «está experimentando una intensificación de las presiones políticas, las campañas de desprestigio y los ataques a la independencia» de abogadas y otras profesionales del derecho. En la explicación acerca de la elección de EEUU, que toma el relevo de Afganistán (2025) e Irán (2024), recuerdan que «ningún país, ni siquiera aquellos dotados de instituciones sólidas, está a salvo de un retroceso del Estado de derecho».

Las evidencias para situar la práctica de la abogacía como peligrosa bajo la Administración Trump son numerosas y empezaron tan pronto como regresó a la Casa Blanca hace ahora un año. Mediante órdenes ejecutivas que a menudo son después anuladas en los tribunales, Washington ha tratado de presionar a despachos de abogados -grandes y pequeños- por haber defendido a rivales políticos o, simplemente, haber participado en juicios relacionados con el asalto al Capitolio en 2021 o la presunta injerencia rusa en las elecciones de 2016. Las sanciones van desde la retirada de acreditaciones de seguridad al veto a la entrada a edificios federales, pasando por la revisión de contratos públicos. Son medidas administrativas que parecen menores, pero comprometen notablemente la actividad de las profesionales de la abogacía y, por lo tanto, impiden el acceso a la justicia. Las purgas en el Departamento de Justicia son también alarmantes. Esta realidad tiene una derivada global en el ataque sistemático de Trump al derecho internacional, que incluye sanciones a once altos cargos del Tribunal Penal Internacional.

La realidad se encarga a diario de matizar la teoría -Euskal Herria ha sido testigo y víctima de ello-, pero, con todos los reparos y limitaciones existentes, el derecho sigue siendo una de las salvaguardas del débil frente al fuerte. La alternativa, ahora mismo, es la ley de la selva, el hábitat natural de depredadores y bullies como Donald Trump.

 

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