Todo vale para Erdogan en su estrategia de poder

Lo que fue presentado con gran despliegue mediático como la decisión del Gobierno de Ankara de enfrentarse por fin al ISIS, tras una actitud más que dudosa al respecto, se revela cada vez más claramente como el intento del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, de conseguir a toda costa su sueño de sumar la mayoría parlamentaria suficiente para acometer los cambios constitucionales necesarios para lograr su anhelado sistema presidencialista. Entre otros, coincide con ese análisis el historiador y periodista Manuel Martorrell, entrevistado hoy por GARA, quien ha sufrido represalias por su decidida solidaridad con la nación kurda.

Para conseguir su objetivo, Erdogan no ha dudado en iniciar una guerra asegurando que se trata de combatir a los «terroristas», englobando en ese término tanto a los yihadistas del ISIS como a los combatientes del PKK y pretendiendo aparecer como la persona idónea para imponer el orden en el país. En esa lógica perversa se entenderían también los ataques extremistas a sedes de partidos y comercios turcos. Extremistas, pero al parecer no incontrolados. Ciudades bloqueadas bajo toque de queda, bombardeos indiscriminados y decenas de muertos, según el Gobierno turco guerrilleros del PKK, pero según el HDP e incluso ONG turcas, en su mayoría civiles. En medio de ese caos, provocado por él, pretende el presidente turco celebrar unas elecciones cuyo resultado es incierto, pero se ha de tener en cuenta que, en la mencionada situación de aislamiento y ataques continuos, gran parte de la población kurda difícilmente podría participar en ellas.

Los kurdos han demostrado ser una fuerza muy a tener en cuenta en la región, y lo han hecho en los momentos más críticos, cuando el ISIS ganaba terreno, frenando e incluso haciendo retroceder a los yihadistas. Erdogan y su Gobierno, por el contrario, han demostrado una falta de escrúpulos inusitada. Que no reparan en medios para llevar adelante su estrategia de acaparar más poder.

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