Un día aciago, un fenómeno estructural
Dos hombres, uno en Gasteiz y otro en Angelu, han matado el primero a una mujer, a la que posteriormente descuartizó y lanzó al río, y el segundo a toda su familia, tiroteando a su compañera y a su hijo e hija, de dieciséis y once años, tras lo que se suicidó. Es probable que el de ayer sea en este sentido el día más aciago para Euskal Herria desde que se contabilizan las víctimas de violencia machista. En contextos distintos y con todas sus especificidades, a falta de conocer los detalles, lo común a estos crímenes es el sistema patriarcal en el que se inscriben, su relación con el machismo, el marco sociopolítico y cultural que permite que esta realidad perdure y se reproduzca.
La noticia de estas cuatro muertes supone un golpe para vascas y vascos. Para quienes este país no existe como tal, los apenas 150 kilómetros que separan estas dos localidades vascas, Gasteiz y Angelu, marcan un abismo que hace más livianas las dimensiones de esta tragedia. Las instituciones de uno y otro lado de la frontera, los representantes políticos, pueden reproducir los discursos políticamente correctos, destacar el detalle y recitar los buenos deseos de rigor. Lo cierto es que este tema está en la agenda política de un modo demasiado retórico para su gravedad. De hecho, es significativo que en la campaña electoral del 26J la mayoría de candidatos no haya querido entrar al tema, ni siquiera cuando han sido interpelados, pese a tratarse de una cuestión de emergencia en el Estado español.
Por otro lado, las especificidades de cada ataque dan pistas sobre temas concretos que se deberían incluir en los programas integrales para prevenir esta lacra, cuestiones sobre las que habría que incidir para revertir esta situación. Las opresiones, vulnerabilidades y la falta de protección se da en parámetros distintos en unos casos y en otros. Más allá de la premisa correcta de que toda esta violencia se inscribe en el sistema heteropatriarcal, urge detectar esas pautas para intervenir sobre ellas.