Velada y desastrosa gestión pública
El informe del interventor de GHK S.A., que hoy da a conocer este periódico, desvela la crítica situación de dicha sociedad, creada básicamente para promover la incineradora de Zubieta. Las conclusiones del informe no dejan mucho margen a la especulación. El consorcio deberá hacer un plan económico-financiero que garantice su viabilidad cumpliendo con su objeto social, la gestión de residuos urbanos. La dependencia de la financiación pública hace muy difícil elaborar un plan de esas características, lo que quizás aboque a la disolución de GHK, cuya consecuencia más inmediata sería la repercusión de la deuda a las instituciones de las que depende.
La crisis económica dejó al descubierto un modelo económico basado en la especulación, pero destapó asimismo una gestión muy deficiente por parte de las instituciones públicas. La proliferación de asociaciones económicas con participación pública y privada ha dejado como resultado un reguero de deudas que paulatinamente van siendo trasladadas al sector público para que asuma su pago. La mayoría de sociedades no tenía por objeto la racionalización y mejora de los servicios públicos, sino que lo que en realidad se buscaba era alejar la toma de decisiones del ámbito político y diluir los controles públicos inherentes a la gestión administrativa de bienes y servicios de interés general, como lo acredita la actuación de GHK con la firma de un contrato financiero especulativo (swap) a fin de hacer irreversible un proyecto ampliamente cuestionado.
Las prácticas poco transparentes de los políticos de entonces se vuelven a repetir en la actualidad. No tiene justificación que todavía no se haya hecho pública una resolución administrativa que tiene una fuerte repercusión en las cuentas del territorio. Esa falta de transparencia del Gobierno contrasta con la actitud del funcionario que ha dado a conocer el informe que ha elaborado a todas las instancias que a su entender debían conocerlo. Actitud encomiable que debería ser norma en el caso de los funcionarios públicos y no objeto de elogio y alabanza.