Ekai Txapartegi
Doctor en Filosofía
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Perfil: Philip Pettit

Breve perfil de Philip Pettit a raíz de la firma de la carta abierta sobre Catalunya a Juncker y Tusk titulada ‘Upholding The Rule of Law in The European Union’.

11/11/2017 21:51

Philip Pettit (Galway, Irlanda, 1945) es uno de los principales ideólogos de la teoría republicana moderna. Su especialidad es la libertad política que desarrolla en su libro ‘Republicanismo’ publicado en 1999. Actualmente es profesor en la Universidad de Princeton (EEUU).

En el ámbito de la filosofía política la formulación republicana de Pettit, el republicanismo cívico, diverge del liberalismo dominante en al menos dos puntos centrales: libertad y sujetos. Define la libertad como ausencia de dominación y acepta la existencia de sujetos colectivos.

Libertad

El principio vertebrador de la política, según Pettit, es la libertad como no-dominación. El Estado debe garantizar que los sujetos jurídicos (individuales y colectivos) no sean dominados por nadie. Que nadie sea capaz de interferir arbitrariamente en las decisiones de los sujetos, ya que en ese caso el pueblo tendría el derecho a desafiar y resistir las leyes que sean de naturaleza arbitraria.

Frente al liberalismo que define la libertad como no-intervención (por ejemplo, el mercado es ‘libre’ en ausencia de intervenciones estatales), Pettit propone rescatar la tradición republicana más exigente que entiende la libertad como ‘no-dominación’. Considera que un sujeto es libre cuando no está dominado por nadie, ni el rey, ni el Papa, ni ningún poder arbitrario.

La formulación republicana surge en el siglo XV con un fuerte sesgo anti-monárquico que todavía perdura. Los reyes y los papas representan el ejercicio de un poder arbitrario sobre los súbditos. Frente a esas formas de poder totalmente arbitrarias, el republicanismo trata de fortalecer a la ciudadanía. Propone que cualquier gobierno estatal esté regulado y limitado, exige la separación de poderes y que las mayorías no encuentren facilidades para cambiar las leyes a su antojo. En la actualidad, el republicanismo trata de crear estructuras y dinámicas de poder que garanticen que ningún Gobierno se convierta en un poder arbitrario que pueda imponer arbitrariamente lo que tienes que hacer, pensar o sentir.

Que nadie ‘pueda’. El matiz es importante para distinguir el republicanismo del liberalismo porque, en realidad, al republicano no le importa si el Estado interviene o no. Si ‘puede’ intervenir a su antojo es suficiente para señalar la falta de libertad. Por poner un ejemplo cercano, cuando se puede cerrar un medio de comunicación de manera discrecional, ningún medio de comunicación es libre en ese contexto, independientemente de si en ese momento haya o no haya ninguna intervención directa.

Sujetos colectivos

Junto con la libertad como ‘no-dominación’ Pettit también destaca por la naturalidad con la que acepta la existencia de sujetos colectivos. Según el liberalismo solo existen individuos y Estados. Sin embargo, el republicanismo también acepta como sujetos jurídicos y políticos de pleno derecho a las empresas, iglesias o naciones. Y al igual que las personas físicas, estos sujetos colectivos también pueden ser libres, o no, dependiendo de si son dominados. Desde esta perspectiva, no es de extrañar que el republicanismo repuntase en la guerra de independencia de los Estados Unidos o que en Cataluña ERC sea un partido republicano.

Zapatero, dispersión y torturas

Pettit también es conocido por su esfuerzo en poner en práctica sus propuestas republicanas. En este sentido, el año 2007 escribió un pequeño libro ‘Examen a Zapatero’ donde evaluó los 3 primeros años de mandato del Gobierno de Zapatero (2004-2007). Ciertamente complaciente y apologético con las acciones de Gobierno de Zapatero, Pettit alabó particularmente la aprobación del Estatuto de Cataluña o el intento de negociación con ETA. Como es de suponer, Pettit fue crucificado/ignorado por el PP por esas dos cuestiones. Pero es interesante que al PSOE tampoco le satisfizo el diagnóstico del filósofo porque se atrevió a criticar a Zapatero en varios frentes. Por ejemplo, denunció la dispersión de los presos políticos y manifestó su preocupación por las denuncias de torturas recogidas por Amnistía Internacional.

A pesar de los esfuerzos de Pettit de ponderar su evaluación, de su formulación rozando la apología, del tono positivo empleado hacia con el Estado, inmerecido en muchos aspectos, parcial y exagerado en otros, a pesar de todo eso su diagnóstico no cayó demasiado bien en el Estado Español. Su evaluación pasó desapercibida, exceptuando alguna polémica periférica, porque las críticas apuntaban tanto al PSOE como al PP y porque muy pronto la crisis económica iba a cambiar el clima político radicalmente.

Así, Philip Pettit pasó de ser el ideólogo de cabecera del ‘nuevo PSOE’ liderado por Zapatero, ¿os acordáis del ambicioso ‘socialismo de los ciudadanos’?, a ser el incómodo auditor republicano que por ejercer su independencia intelectual fue condenado al ostracismo en la tierra de los conejos.