Dabid Lazkanoiturburu
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Los Emiratos Árabes Unidos asestan la última puñalada a los palestinos

Los Emiratos Árabes Unidos siguen la estela marcada por Egipto y Jordania. Negocian la normalización de relaciones con Israel que presentan cínicamente como beneficiosa para los palestinos. Cuando ya no es que no les consulten. Es que les condenan a su desaparición como agente político (y como pueblo). El jeque y hombre fuerte emiratí, MBZ, refuerza así el papel de su satrapía y sanciona el status quo sionista al lograr solo que Netanyahu aparque sus nuevos planes anexionistas. De paso, da una bocanada de aire a un debilitado Trump y apunta al objetivo del acuerdo: Irán.

14/08/2020

El anuncio por los Emiratos Árabes Unidos (EAU) e Israel de un acuerdo con mediación de los EEUU de Trump para normalizar relaciones supone un nuevo rubicón en la consolidación de Abu Dhabi y confirma su ambición por convertirse en un actor de peso creciente en Oriente Medio.

Para ello no duda en asestar la (pen)última puñalada al pueblo palestino. Y lo hace, cínicamente, asegurando que tendría como contrapartida la renuncia por parte de Israel al plan de anexión de buena parte de Cisjordania, incluido el valle del Jordán.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se ha apresurado a matizar –y Washington le avala– en que solo ha transigido con aparcar, que no renunciar definitivamente, a su histórica pretensión de dejar sin tierra al pueblo palestino.

Finalmente, supone un triunfo diplomático para el presidente estadounidense, con la popularidad bajo mínimos por su errática, cuando no desastrosa, gestión de la pandemia y la consiguiente crisis económica a menos de tres meses de los comicios de noviembre.

Y da un espaldarazo a Israel, que certifica de iure el deshielo de sus relaciones no ya con los EAU sino con las satrapías del Golfo Pérsico.

Acercamiento que tiene como objetivo, y como reverso de la moneda de ese acuerdo, a Irán y a evitar que el país persa se consolide como potencia regional con sus aliados del que denomina Eje de la Resistencia, conformado por Siria y sus aliadas y todopoderosas milicias chiíes en Líbano  e Irak, sin olvidar a las minorías bajo su férula en Yemen y en Afganistán.

El acuerdo, sin duda histórico, se firmará oficialmente en tres semanas y convertirá a los Emiratos en el tercer país árabe en normalizar sus relaciones con Israel, después de los acuerdos de paz firmados por Egipto en 1979 y Jordania en 1994, y en el primer Estado del golfo Pérsico en dar este paso. Y nadie duda de que es una iniciativa del jeque Mohamed bin Zayed (MBZ).

Hermano del emir de Abu Dhabi, MBZ es quien realmente manda desde las sombras en los EAU. No en vano, y pese a estar bastante menos poblado que el emirato de Dubai, el de Abu Dhabi es el que tiene el petróleo (6% de las reservas mundiales) en su subsuelo, por lo que dicta su política exterior.

Mentor de su protegido saudí y, como él, ministro de Defensa Mohamed bin Salman (MBS), MBZ tiene una ambición sin límites. Lideró la reacción termidoriana contra la Primavera Árabe, promueve el boicot a Qatar, su rival ideológico y estratégico en el Golfo.

Al punto de que se ha permitido rivalizar con Arabia Saudí, potencia dominante en el Golfo, fomentando la rebelión de los sudistas en medio de la guerra de Yemen, lo que le ha permitido poner dos picas en Flandes –mejor dicho en el Golfo de Adén y en el Mar Arábigo–, concretamente en Adén puerto-capital del sur de Yemen y en la estratégica isla de Socotra.

No acaban ahí las pretensiones de los Emiratos, que tienen bases navales al otro lado el mar, en los seudoestados de Somalilandia y Putlandia, y liderado el apoyo militar al mariscal Haftar en la guerra en Libia, con la vista puesta en su objetivo estratégico de acabar con el islam político de los Hermanos Musulmanes (HM).

Poco extraña, por tanto, que haya asestado un golpe que puede resultar definitivo contra los palestinos, gobernados por Hamas en Gaza, sucursal de la cofradía de los HM que ha denunciado «un cheque en blanco» a la ocupación. también la ANP de Cisjordania ha denunciado la traición y ha retirado a su «embajador» en Abu Dhabi.

Turquía, principal rival de los Emiratos en Libia y sostén de los HM en el mundo, ha hecho suya la palabra traición. Paradójico, cuando mantiene relaciones e intercambio diplomático con Israel desde hace decenios.

Trump no pudo ocultar su incontinente alegría, al punto de que se adelantó en twitter al anunciar «un enorme acuerdo», que poco más tarde escenificó en una comparecencia en el despacho oval de la Casa Blanca.

El acuerdo supone la primera concreción exitosa –para sus defensores– del llamado «acuerdo del siglo», pergeñado por el yerno del presidente, Jared Kushner, de ascendencia judía.

Netanyahu se mostró exultante, porque los Emiratos marcan el camino a Arabia Saudí para reconocer a Israel pero advirtió que no renuncia a nada. «Yo he aportado a la paz. Yo culminaré la anexión».

Irán minimiza el acuerdo como «estupidez estratégica» y anuncia un reforzamiento de su eje de resistencia.

La ONU ha saludado «todo esfuerzo hacia la paz». Olvida que eso no es paz. Igual no será guerra, pero paz no es.

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