Guggenheim: Una colección propia para mirar al mundo y al propio museo
Fecha
07.11.25
Lugar
Bizkaia - Bilbo

En una misma planta, la tercera, y según vas discurriendo de una sala a otra, pasas de la reflexión sobre los conflictos armados –los ‘sarcófagos-mueble’ de la colombiana Doris Salcedo; los testimonios de los torturados en Siria, en un LED de Jenny Holzer; las fosas comunes del franquismo, en una fotografía del navarro Clemente Bernad-...–, al punto lúdico del Pop Art –un Warhol ‘a lo bestia’, un perro esculpido por Jeff Koons...– y luego llegas a la profunda espectacularidad de un Tàpies o Rothko... ¿Pero qué hay al fondo? ¿Un Basquiat, la banderola contra la central nuclear de Lemoiz y una instalación que te dice ‘Rechaza el trabajo, recrea la procreación’?
Todo esto y mucho más contiene ahora la tercera planta del Guggenheim bilbaino, que abre este viernes ‘Obras de la colección del Museo Guggenheim Bilbao’, una muestra que se quedará de forma permanente. Comisariada por la catalana Marta Blàvia, quien ha presentado la exposición en un perfecto euskara –«ha sido como un examen de C1», ha dicho, con humor–, se puede decir que esta muestra contiene en sí, en realidad, cinco exposiciones, ya que las obras han sido agrupadas temáticamente en cinco salas. Y en cada una de ellas se cuenta una historia.
La exposición responde al deseo de mostrar al público las adquisiciones recientes para la colección propia de la pinacoteca bilbaina, así como las donaciones recibidas de D. Daskalopoulos Collection –la fundación creada por el coleccionista y mecenas griego Dimitri Daskalopoulos–, la Fundación Al Held –que gestiona la obra del artista neoyorquino Al Hed (1928-2005)–, y el depósito a largo plazo de la coleccionista austriaca Inge Rodenstock.
Anualmente, la Tenedora del Guggenheim de Bilbo dedica una parte de su presupuesto a la compra de arte. Como ha apuntado gráficamente Marta Blàvia, «en el caso hipotético de que se separaran el Guggenheim de Nueva York y el de Bilbo, para que nos entendamos, estas son las obras que son nuestras. Esta exposición persigue dos objetivos primordiales –ha añadido–, por una parte, compartir con nuestros visitantes las nuevas incorporaciones a los fondos y, por otra parte, y sobre todo, mostrar la riqueza y variedad de nuestra colección».
Miren Arzalluz, la nueva directora del museo, ha explicado que, en cuanto a los contenidos, la colección del Guggenheim bilbaino «arranca en la segunda mitad del siglo XX, en la postguerra, a partir del año 45, y llega hasta la actualidad. En un principio, el marco es Europa y Norteamérica y, en la medida en que la política de adquisiciones ha ido evolucionando, también el marco geográfico y otros marcos se han ido ampliando. Se han establecido criterios con la presencia de obras maestras de la historia del arte de la segunda mitad del siglo XX, profundizando también en una serie de artistas que se considera que han tenido un papel fundamental en este periodo y, por supuesto, en el arte vasco. La colección incluye, a su vez, encargos de obras específicamente realizadas para lugares y localizaciones en este museo. Luego, con ese afán de ir construyendo una colección más representativa, más diversa y más global, también se han ido incorporando otros criterios geográficos y también cuestiones de diversidad o de género».
«Nosotros ahora –ha añadido–, a lo largo del año 2026, tenemos la ocasión de realizar, una vez más, una reflexión interna, porque vamos a elaborar el nuevo Plan Estratégico con el horizonte 2027-2030, y ese también será un momento de considerar si vamos a actualizar la política de adquisiciones y algunos de los ejes que han definido esa política, para ver en qué sentido queremos que vaya evolucionando la colección».
Esta nueva configuración de la tercera planta se ha podido realizar tras una importante obra de readecuación de la iluminación de varias de las salas diseñadas por Gehry, con el fin de no dañar a las obras de arte. El cambio, iniciado en 2022 y que ha terminado este mes de septiembre, ha implicado la reapertura de los lucernarios del edificio con el objetivo de recuperar la configuración original de las salas de exposición, combinando de manera automatizada la luz solar y las nuevas luminarias LED.
Sala 302. ‘Arte y conflicto’
Entramos y, partiendo la sala por la mitad, una imponente valla de Kendell Geers, que recuerda a las vallas que se levantan contra los migrantes, rompe con las formas fluidas de la galería diseñada por Frank Gehry. Enfrente, un enorme e icónico lienzo de Anselm Kiefer retrata a los fundadores del ideario nazi y, si miramos a uno de los dos óleos de Georg Baselitz que tiene al otro lado, veremos que ha retratado a Lenin y Stalin boca abajo, con los genitales al aire y vestidos con ropa de mujer... para ridiculizarlos. Sin comentarios.
Seguimos adentrándonos en la experiencia de la violencia y sus huellas con un led vertical de Jenny Holzer –se leen los relatos de las personas torturadas y desplazadas por el régimen de Bachar al Asad–, y seguimos en el conflicto armado reflejado en una de las obras de Doris Salcedo, una de las grandes artistas contemporáneas de Latinoamérica. La violencia de dentro del hogar está metida en la impactante instalación de Mona Hatoum.
En una de las fotografías de Clemente Bernad, que forma parte del proyecto ‘Donde habita el recuerdo’ (2004), se refleja la búsqueda de fosas comunes de los represaliados del franquismo. «Es una obra dejada en depósito por el artista y que no se había sacado hasta ahora. Hemos seleccionado a varios artistas para hablar sobre conflictos de todo el mundo y nosotros teníamos que hablar también del nuestro, sobre la Guerra Civil y el franquismo, porque si no, no tendríamos autoridad moral de hablar sobre otros conflictos. Tenemos que mirar a nuestras heridas y crear un espacio para pensar, curar y crear una memoria colectiva», ha apuntado la comisaria.
Sala 3.03, ‘Ecos del Pop Art’
En medio está ‘Bob-Tail’ (1991), el perro de gran tamaño de Jef Koons del que se encaprichó Inge Rosenstock. De hecho, este perro es la portada del libro que le ha dedicado a la colección el museo. Enmarcándolo, dos de las obras más icónicas de la pinacoteca – ‘One Hundred and Fifty Multicolored Marilyns’, de Andy Warhol, y ‘The Swimmer in the Economist (painting 2)’, de James Rosenquist– y, entre otras obras, las boutades recicladas de Tom Sachs (‘Inodoro de Prada’, ‘Menú de regalo Tiffany’...).
Sala 305, ‘Abstracción y espacio’
Es quizás la sala más sobria y, a la vez, más espectacular, porque incluye obras de gran tamaño de Mark Rothko, Robert Ryman, Al Held, Pablo Palazuelo, Eduardo Chillida y Jorge Oteiza. Espacio, color y, sobre todo, nuevas perspectivas para investigar sobre la sensación de espacio.
Sala 306, ‘Gesto y acción: la performativiad en la pintura’.
Tras la Segunda Guerra Mundial, muchos artistas e intelectuales sintieron la necesidad de empezar de nuevo. El existencialismo de Jean-Paul Sartre permeó la escena cultural. Lucio Fontana, Antoni Tàpies, Yves Klein y una impresionante Helen Frankenthaler cortan, agujerean, arañan, rasgan o vierten pintura sobre lienzos en el suelo. Es el momento de manipular, para crear.
Sala 307. ‘Palabra y signo como medio de expresión plástica’
Entras por la puerta y un lienzo de Basquiat parece que salta de una pared de la calle. Es un grafiti en el que denuncia a los marchantes de arte, sobre el que, cayendo desde arriba, se despliegan un montón de banderolas en las que Ibon Aranberri reinterpreta los anagramas y logotipos que Chillida diseñó para instituciones culturas, políticas y sociales vascas. Hay más: hay pancartas en una instalación de Juan Pérez Agirregoikoa que gritan pidiendo la revolución, están también las planchas de cobre de Erlea Maneros Zabala, que reproducen las portadas de la revista clandestina ‘Sine Nomine’ editada por el clero vasco en el franquismo...
Este es un viaje para realizar muchas veces. Menos mal que es la colección permanente.
Ubicación
Museo Guggenheim
Bilbo. Bizkaia