En "El mercader de Venecia", la famosa comedia dramática de William Shakespeare, se retratan de forma impecable las contradicciones que, en el contexto de la próspera Italia del siglo XVI, surgen entre los valores que propone un todavía incipiente capitalismo y los que sostiene la tradición cristiana. Antonio es un mercader que necesita dinero para ayudar a su amigo Bassanio a cortejar a Porcia, una joven rica e inteligente. Pero Antonio tiene toda su hacienda invertida en barcos mercantes y no dispone de efectivo, por lo que recurre a un prestamista judío, Shylock, que le impone una condición: si no devuelve el dinero a tiempo, podrá reclamar una libra de carne del cuerpo del mercader. Macabro, pero muy conveniente para las necesidades narrativas de Shakespeare. Como cabía esperar, el contrato no se cumple y el judío exige la satisfacción de la siniestra cláusula. Este es el marco en el que se desarrolla la famosa escena del juicio en el que Shylock comienza siendo la fuerza acusadora y termina como acusado de atentar contra la moral de la época. Y aunque es condenado a muerte, la pena se conmuta por una renuncia a su religión y a todos sus bienes. ¿Comedia? Antisemitismo, crueldad capitalista y falsa moral elevan la obra muy por encima de su género. Pero ha caído el telón y la realidad del siglo XXI no deja lugar a tribulaciones shakespearianas. Nacemos llorando y con la soga al cuello. Sin siquiera haberlo firmado, un leonino contrato original nos obliga a vender nuestro tiempo, nuestra integridad y hasta nuestra salud para poder costear una vida que no es vida, sino mera supervivencia. Y ya no hay moral que valga. El incumplimiento de las condiciones contractuales conlleva la ejecución sumarísima, nunca mejor dicho, de la garantía. Sin dilación. Y el pago de la libra de carne no afecta a una pierna o a un brazo: la pieza sale del mismo corazón. Cada día, en cada desahucio, en cada despido, en cada sentencia de una justicia vendida al mejor postor. Quizá para la próxima columna busque otra obra. Una que hable de esperanza.