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El PSOE como el mejor tertuliano de la caverna española

La insistencia del PSOE en aferrarse al discurso cavernario ante el auge de Podemos es el reflejo de su propia incapacidad. Perdido, carente de credibilidad y desfondado ante una campaña que empezó cuesta arriba y ya tiene la misma pendiente que el Tourmalet, Pedro Sánchez es ya la histriónica caricatura de un candidato. Apuntaba maneras, pero la carrera hacia las urnas le ha sacado todos sus defectos. Al carecer de una línea propia, su recurso ha sido el de comprar las patrañas de tertulias como «El Gato al Agua» o «La marimorena». Nadie al margen de la ultraderecha de Carlos Cuesta o Isabel San Sebastián insiste en el pueril argumentario de «Venezuela, Tsipras y ETA». Nadie salvo Ferraz, abonado a la demonización para amarrar el votante más identificado con el régimen. En mi opinión, esto puede terminar volviéndose en contra de quien lo usa. Con mucha gente desalojando Ferraz, recurrir a esparcir basura puede ser interpretada como «vieja política» y terminar por reforzar la huida de quien ya tenía pie y medio fuera.

La verdad es que no me sorprende que el PSOE se enfangue de este modo. Antes del debate a cuatro de hace una semana colgué una encuesta en Twitter preguntando quién mencionaría antes la palabra «Venezuela». Tenía claro que sería Pedro Sánchez y no me equivoqué. Colocó el tema bolivariano y, de propina, recordó a Alexis Tsipras. Un día después, ya venido arriba, instaba a Pablo Iglesias a reconocer que «es un comunista». Nivelón, que fue seguido bien a rueda por los escuderos del candidato del PSOE. Comenzó Felipe González, que es como un anciano patriarca enfadado por un presente que no comprende. En su caso optó por Venezuela, quizás consciente de que si azuzaba a ETA alguien podría recordarle quién estaba al frente del Estado cuando el GAL mataba a ciudadanos vascos. Siguió Patxi López, resucitando la presencia de Pablo Iglesias en la Herriko Taberna de Iruñea. Puestos a preguntar el lugar donde se encontraba cada uno, no está de más rememorar a cuántos kilómetros se encontraba el lehendakari cuando la organización armada decretó su cese definitivo. Su imagen traqueteando en un tren que le llevaba al otro lado de la Historia quedará como reflejo de la más absoluta irresponsabilidad. Ante este panorama, la insistencia de Odón Elorza de retuitear el vídeo de aquella intervención de Iglesias a razón de una decena de veces al día tiene un punto de desesperanza.

Ya he reiterado en muchas ocasiones que, apelando a este argumentario, el «establishment» trata de atacar a Podemos y termina incidiendo en la criminalización de la izquierda independentista, que no tiene La Sexta para poder defenderse. Mirando hacia el PSOE, parece evidente que este es el último recurso del partido que mejor simboliza el régimen de 1978 y que observa cómo el recambio se prepara y no le tiene en cuenta. Aunque lo peor está por llegar para Ferraz. Los previsibles malos resultados ahondarán en una crisis interna que nunca se ha solucionado desde que Alfredo Pérez Rubalcaba perdió frente a Mariano Rajoy. Si llega a los 100 escaños será un milagro, lo que implica que mucha gente se quedará sin su parte del pastel. ¿Pedirán la cabeza de Pedro Sánchez el mismo 21? La enésima noche de los cuchillos largos en Ferraz está cerca. Mientras tanto, sus líderes se empeñan en profundizar aún más su decadencia. Voy comprando palomitas. 

 

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