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Espionaje político según Barrio Sésamo

El ataque de indignación que le ha entrado a la clase política española ante los escándalos de Método 3 y el espionaje político en Catalunya vuelve a exhibir su doble rasero y su afición por rechazar una cosa y aplaudirla al mismo tiempo dependiendo de criterios que nada tienen que ver con la legalidad o la democracia, que es de lo que trata el asunto. Básicamente, la lección de esta semana es: está mal que el PSOE contrate detectives para vigilar al PP; sin embargo, la cosa cambia si es la Policía (es decir, funcionarios públicos), quien fiscaliza a una agrupación popular como Gure Esku Dago.

Dos noticias en la misma semana. Dos perspectivas distintas. El primer caso ha provocado declaraciones en cascada e, incluso, forzado una dimisión, la de José Zaragoza, diputado del PSC. Tengo la sospecha de que deberían de ser más porque, llegados a este punto, me pregunto quién no está en los archivos de una agencia de detectives más famosa que el inspector Closeau. En el segundo, por el contrario, solo silencio administrativo. «El Periódico de Catalunya» filtró un informe policial que analizaba los «vínculos» de Vía Catalana con los «aberzales (sic)». Y absolutamente nadie al otro lado del Ebro se planteó una cuestión básica: que la Policía elabore documentos sobre asociaciones completamente legales significa, básicamente, orinarse sobre los derechos civiles y políticos. Y eso no deja en buen lugar sus estándares democráticos.

Ya sé que esto es muy cansado. Desde el caso del piso del Cesid junto a la sede de HB en Gasteiz, pasando por las escuchas telefónicas a GARA, el Estado ha dejado claro que las libertades civiles no entran en la ecuación cuando hablamos de Euskal Herria. Unas prácticas desarrolladas con total impunidad y bajo cualquier contexto político. Y que nadie me venga con la excusa de "si lo ordena un juez" porque ya sabemos que, contra los vascos, los togados españoles han sido muy de darle al mazo.

La aplicación del Derecho del Enemigo y la supresión de derechos civiles y políticos ha provocado consecuencias nefastas para la sociedad vasca. Pero también para la española, a quien se ha insensibilizado con tanta tropelía, como si se le hubiese inoculado la vacuna del «algo habrán hecho». Claro, que los primeros que deberían de aprender son los miembros de esa casta política para quienes la democracia es paraguas bajo el que proteger sus abusos y mandoble para castigar a los díscolos. Así que les propongo un sencillo juego, muy básico, en plan Barrio Sésamo.

- Que detectives privados espíen a un alcalde del PP está mal.

- Que policías españoles espíen al movimiento ciudadano como Gure Esku Dago está mal. Que además traten de vincularlo con la izquierda abertzale filtrando el informe es cutre y falso. Y también está mal.

- No obstante, los abertzales de izquierdas tenemos el mismo derecho que cualquier otro ciudadano a organizarnos de la manera que nos de la real gana. Por lo tanto, también estaría mal cualquier tipo de espionaje que se produjese.

- La autodeterminación, incluso la independencia, son objetivos legítimos que bajo ningún concepto te convierten en sujeto de ser espiado.

De todos modos, para llegar a la conclusión de que dos iniciativas que defienden el derecho a decidir de sus respectivas naciones comparten objetivos solo bastaba con echar un vistazo a sus páginas webs. E igual hasta encontraban diferencias.

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