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Gaupaserismo o barbarie (oda del sanferminero ausente)

El uniforme blanco de un gaupasero coge polvo el día más glorioso del año y solo me queda consolarme con que habrá otro seis de julio, que ya falta menos, que quedan muchas batallas por librar y que esta es una retirada táctica. Es la primera vez en muchísimos años que pierdo la jornada que marca mi calendario personal y constato, con una mezcla de extrañeza e infinita morriña, que el mundo sigue girando mientras Iruñea se embrutece. Pasan cosas, lo cual es fascinante. El cuerpo sanferminero es un estado mental y, a pesar de la distancia, percibo como una cornada de Jandilla cada lingotazo amigo, las onomatopeyas de euforia y los fritos resacosos. Enfundados en la coraza blanca, con los superpoderes que otorga el pañuelo rojo y todavía frescos tras apenas 24 horas de desfase, mi sincero homenaje a los titanes que hoy, recién despertados o todavía en pie, que habrán aplaudido el paso de Joseba Asirón en la calle Curia, prepararán la merienda para ver a Padilla en la plaza u observarán, exhaustos y satisfechos, que todavía quedan ocho interminables días para someterse al dios Baco.

Disfrutad, bebed la vida hasta que el katxi esté exprimdio, rebozaos en el suelo del Viana, que la charanga guíe vuestros pasos en ruta beoda hacia la resaca y alcanzad la liberación a través del caos. ¡No hay cansancio! ¡Siempre quedará un bar abierto! ¡Guerra a los pantalones vaqueros con camiseta blanca!

Sanfermines es una forma de vida y quien mira con sorpresa la devoción de los iruindarras por el santo se está perdiendo una parte importante de nuestra esencia. No es solo el alcohol a raudales, las carrilleras en el tendido, el «pero sigo siendo el rey» vociferado como si la existencia te fuese en ello. Que también. Hablamos de la exaltación de todo lo que es justo y razonable, la celebración de la amistad y la vida disoluta, el éxtasis que produce estar con la compañía que merece la pena haciendo las cosas que merecen la pena.

¡Gaupaserismo o barbarie!

Desde la lejanía también huele a toro, así que, héroes de los Sanfermines, asumid vuestra responsabilidad con entusiasmo. Sabed que en cada paso, los gaupaseros de ayer, hoy y siempre, los vermuteros de todos los tiempos, los txikiteros del futuro y hasta el mismísimo Dionisio, dios griego del vino, disfrutan con vosotros del tambaleante avance. Tenéis sobre vuestros hombros, todavía firmes, el infinito peso de saber que os encontráis en el lugar y el momento apropiados. Que el tiempo se detiene durante nueve días e Iruñea se convierte en una burbuja etílica donde nada tiene sentido si no viene acompañado del Valls de Astráin y el «looooooolololooooooo» de cien mil gargantas sedientas. Los navarros ausentes os observamos, confiados de que sabréis aprovechar el momento y que os desgarraréis el alma en cada embite. Dejad el pabellón bien alto. No tenéis otra opción.

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