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La impunidad de los nuevos «Billy el niño»

El proceso abierto por la juez María Servini contra responsables del franquismo, con la imputación de «Billy el Niño» y el exguardia civil Muñecas, ha vuelto a poner sobre la mesa la impunidad de los torturadores durante la dictadura fascista. Los terribles relatos de quienes pasaron por sus siniestras manos han vuelto a estremecer a quienes los hemos escuchado. Una atención que, por desgracia, no se extiende, en amplios sectores del Estado español, hacia los jóvenes que estos días han son juzgados en la Audiencia Nacional. Porque «eso era antes». Claro. Nadie. Y digo nadie. Absolutamente nadie, que haya escuchado a Garazi Rodríguez, Euken Villasante o Haritz Petralanda ha podido permanecer impasible. Las lágrimas, entre los acusados, el público o en la sala de prensa son una reacción humana ante lo inhumano. Y pese a todo, sigue siendo necesario explicar ese extraño teorema que determina que las probabilidades de inculparte se incrementan exponencialmente en el momento en el que te meten en ese agujero negro que es la incomunicación. Los nuevos «Billy el niño», tan impunes como su mentor, estarán en los próximos días en el juzgado. Lo repugnante es que, protegidos, saldrán por la puerta a través del suelo ético con la misma tranquilidad con la que hayan llegado.

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