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Periodista colonial versus Correa

La entrevista realizada recientemente por Televisión Española a Rafael Correa me provocó un terrible ataque de vergüenza ajena. No soy especialmente amigo de la docilidad periodística con un jefe de Estado, pero la emisión supuso el ejemplo práctico de toooooda la soberbia colonialista española frente a una América Latina que ha decidido no agachar la cerviz. Para quien no la haya visto le hago un resumen. A medida que la entrevista avanza, la encargada de realizar las preguntas se convierte en una especie de fiscal que se atreve a poner en cuestión y a interrumpir del modo más grosero todas las explicaciones del presidente ecuatoriano. El momento cumbre llega cuando la periodista, tras desgranar la totalidad de los tópicos elaborados por derecha española para explicar la supuesta falta de libertad de expresón en el país andino, es agarrada en fuera de juego por un presidente acostumbrado a las embestidas argumentales. «¿Pero aquí no existen leyes de prensa?», cuestiona Correa. Por un momento visualicé que recordaba las barbaridades de «Egin» o »Egunkaria». No hubo suerte. Sin embargo, quedó claro que la interrogadora, como muchos europeos, cree que en este continente no existen normativas. O, por lo menos, no tan serias como al otro lado del charco. Acostumbrados a que sus empresas estirasen las leyes como chicles, no conciben que sus habitantes se doten de ejecutivos que defienden sus intereses y no los de los bolsillos de los explotadores.

La entrevista evidencia la forma con la que se analiza el continente americano desde la perspectiva de quien todavía se cree que maneja los hilos desde una metropoli. ¿Leyes? Ya será menos. ¿Soberanía? De las empresas. ¿Libertades? Eso es para los europeos. En serio, la arrogancia con la que la plumilla aborda las preguntas es el reflejo de una forma de entender el mundo. La de quien cree que, en el fondo, al otro lado del Atlántico solo hay repúblicas bananeras.

No pretendo imponer la genuflexión como rutina en esta profesión ya de por sí acostumbrada a codearse con los poderosos y convertirse en sus fieles escuderos. Sin embargo, me pregunto si nos encontraríamos tal actitud de perdonavidas en el caso de que el entrevistado fuese el presidente español. ¿De verdad creen que veríamos tales faltas de respeto? Ni en broma. Y eso que motivos no le faltarían. Muchos más que para atacar a Correa.

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