En nuestro país, cada dos años, la primavera llega cuando AEK quiere. Esta decisión no tiene efectos vinculantes en la meteorología, pero sí en la manera de gestionarla: basta ver correr al personal tras el testigo en medio de la nieve o la lluvia para comprobarlo. Si esas imágenes nos afectan tanto es porque, en el fondo, Korrika siempre ha ido contra la marea y sigue haciéndolo, lo que ocurre es que genera su propia marea, capaz de confrontar con la otra y eso puede distorsionar la percepción, pero hay muchas fuerzas intentando perpetuar para el euskara el invierno más gélido. Lo vemos en sentencias judiciales, pero también en la obstinación en mantener marcos legales discriminatorios o en la negativa a materializar los compromisos institucionales imprescindibles para superar el actual estado de cosas. Korrika es una multitud variopinta sonrisa en boca (y lágrimas en muchos ojos) reclamando el deseo de vivir juntas y juntos con el euskara vertebrando nuestra sociedad, una llamada que interpela también a quienes todavía no lo conocen o lo usan.Las huelgas reivindicativas de nuestro sistema sindical propio (envidiado por muchas sociedades; cualquiera que viaje fuera del país lo sabe) no siguen esa periodicidad y su caracterización es diferente, pero también tienen la capacidad de generar primavera. En este caso, frente a los temporales neoliberales y las ventiscas autoritarias destructoras de todo avance social. Contra heladas como la que se ha vivido en el Parlamento navarro con el rechazo a la propuesta de establecer un salario mínimo propio. Quienes nos acusan de defender «aspiraciones identitarias» frente a las «cuestiones materiales» han decidido, por España, perjudicar a la población asalariada, probando así que la reivindicación de soberanía trata precisamente de lo material, por eso incluye la identidad. Por todo eso y por mil razones más este país produce Korrikas, produce huelgas generales y movilizaciones multitudinarias. Y sí, ya huele a primavera.