Las modas vienen y van, hoy se llevan los cuadros, mañana vuelven los pantalones de pitillo, antes molaba tal estilo y el año que viene otro totalmente diferente. Esto vale para muchos aspectos de la vida cotidiana, pero conviene tener en cuenta, sin embargo, que las tendencias sociales y las modas no son la misma cosa, aunque a veces puedan confundirse o solaparse. Un viento favorable en política, por ejemplo, puede tener algo de circunstancial y habrá quien lo caracterize como una “moda”, pero también puede ser el fruto de la intervención continuada y efectiva de determinados actores.Últimamente, en el Estado español se habla de un momento soberanista en las izquierdas, de un contraste entre la división y la debilidad creciente de las izquierdas de ámbito estatal frente al fortalecimiento de las opciones soberanistas y, en general, de aquellas que asocian la transformación social con la defensa de la identidad y los derechos colectivos de la población de un determinado territorio. En términos generales esta es la realidad actual, aunque hay que hacer algunas matizaciones; por ejemplo, en nuestro caso, la tendencia de fortalecimiento sobrepasa los límites del Estado español, porque también se aprecia en Ipar Euskal Herria. Pero la tendencia general es muy clara y creo que debemos cuestionar todas las interpretaciones que nos la presenten como una moda. Lo que estamos viendo es más bien el fruto de las decisiones estratégicas y el trabajo metódico y continuado realizado durante muchos años. Un trabajo y unos aciertos que debemos poner en valor. En tiempos de redes sociales, marketing político y conversión de todo en espectáculo, paradójicamente, brillan los efectos de la militancia, el compromiso, el trabajo a largo plazo y los liderazgos colectivos. No porque unos y otros sean incompatibles, sino porque es necesario saber dónde están las tendencias y dónde las modas.