Lleva una carrera larga el euskara, en un recorrido incesante en el que ha necesitado evitar, saltando y esquivando, cuando no atravesando, infinitos obstáculos u once, hasta llegar aquí, fragmentado en múltiples dialectos y unido en un solo idioma estándar que recoge vocablos antiguos y modernos, particulares y prestados, como ese «biba!» conmemorativo que se grita en Lapurdi, Baxe Nafarroa y Zuberoa y que el otro día farfulló un joven de Akamarre que se filmó junto a otro, gendarme este, asegurando en un francés del suroeste relleno de licor que «este es un monstruo, ha cogido a tres bougnoles», a lo que el citado respondió con un «tres árabes menos», volviendo a demostrar, brazo en alto, que la poca inversión en Educación y la mala praxis de buena parte de representantes políticos de la derecha han condenado a la sociedad francesa a la ignorancia y, como consecuencia, a comprar como válidos los argumentos de la extrema derecha, que amenaza ahora con tomar el poder en todos los ámbitos administrativos, desde el pequeño ayuntamiento de pueblo hasta el trono del palacio del Elíseo. Lleva una carrera larga el euskara, y en su recorrido ha transitado por épocas muy grises, oscuras incluso, pero por el momento, si algo es evidente es que por ahora los hablantes de esta lengua solo levantan el brazo para llevar un mensaje de esperanza. Somos testigo.