Nunca se me había ocurrido que se pudiera ser algo tan desagradable como fascista más por interés que por ideología. Pero estoy convencida de que el fascismo está dirigido por miserables que, por no creer, no creen ni en los odios que propagan. Acostumbrada a ocultar la realidad para lograr que la mayoría de la gente defienda los intereses de unos pocos, la derecha transita de la caverna a la fosa común inventándose lo que haga falta. ¿Que hay que limitar el voto negro para contrarrestar los cambios demográficos? Donald Trump se inventa un fraude electoral y listo. ¿Que no hay sanidad para todos en Brasil? Dice Jair Bolsonaro que no hay virus y ya está. ¿Que hay elecciones en Castilla y León? No sé qué dice Pablo Casado de la Hispanidad.
A la derecha le conviene mentir y, al fascismo, no le queda otra. Con qué verdad se puede culpar a los desposeídos de la tierra de nada, a qué verdad se acude para odiar el feminismo cuando tres de cada cinco mujeres asesinadas en el mundo muere a manos de un compañero sentimental o un miembro de su familia. Hay que mentir mucho para que libertad sea morirte sin que te atienda un médico y democracia, que no voten los catalanes. Para ocultar las lujurias del capital, la inmoralidad de los que se aupan al poder y le dicen a la gente que todo irá mejor si se dan cuenta de que su miedo puede convertirse en odio y ese odio puede liberarles de su sensación de impotencia, de su desánimo, de todo lo que les han hecho sentir los mismos que les están mintiendo.
Qué novedoso y qué triste ver que, en España, los fascistas son las fuerzas de asalto de esas élites extractivas que conforman el más feroz enemigo del pueblo español y que tienen intereses capitalistas en la perpetuación del Estado. Qué siniestro comprobar que el fascismo, que no es una opción política sino una violencia política; que no es indivisible del odio sino el odio mismo y que no es inseparable de la muerte porque es la muerte misma; no es más que una fachada y que sus odios no son sino el diabólico disfraz de sus intereses.
Fascismo y mentiras
Qué novedoso y qué triste ver que, en España, los fascistas son las fuerzas de asalto de esas élites extractivas que conforman el más feroz enemigo del pueblo español
