Itziar Ziga
Itziar Ziga
Una rubia muy ilegal

Entre el punitivismo y el escapismo

Los feminismos no son idilícos, pero sí ingobernables, lo que no quiere decir que hayamos renunciado a gobernar.

Las feministas somos tremendísimas en nuestras discusiones, honestas en la compleja argumentación de nuestras diferencias. A ver, no todas hemos profundizado igual en el certero desentrañamiento de los mecanismos del patriarcado, faltaría más. Pero si escuchas a cualquier feminista que se sumó a nuestra revolución a lo largo de las últimas trepidantes décadas, a cualquiera de las millones de activistas que se han ido sucediendo sin dejar caer ni por un instante todas las transformaciones sociales emprendidas, te explicará cómo se reproduce y se enmascara el machismo.

Desde los primeros colectivos que brotaron por todas partes en cuanto muere el dictador, nos organizamos desorganizadamente, sin jerarquías ni prioridades ni líderes ni miedo a ir demasiado lejos en nuestra liberación. Para rehorizontalizar el mundo, nos rehorizontalizamos nosotras. Los feminismos no son idilícos, pero sí ingobernables, lo que no quiere decir que hayamos renunciado a gobernar, a participar en gobiernos, vaya.

«A veces querer abolir el poder es la mejor manera de quedarse esperando algo que no llegará, mientras se paralizan las posibles maneras de tomarlo, contrarrestarlo o repartirlo para ponerlo un poco más en manos de quienes más lo necesitan», afirma clarividente Clara Serra en su ensayo “Leonas y zorras. Estrategias políticas feministas”. Fui aceptando con los años que mi pasión anarquista no debería propiciarme un escondite. Y que mi admiración por la autonomía feminista no puede petrificarme al margen de las nuevas contradicciones que se nos agolpan.

No había tenido ni tiempo para hacerme una opinión más formada sobre la ley del «Solo el sí es sí» cuando empezó la polémica magnificada sobre las reducciones de condenas a agresores sexuales. Qué espanto, todo el rato embarradas en el punitivismo. En esta columna me siento más socrática que nunca en el sentido más lelo. Y evoco a una cómica genial llamada Assari Bibang que proclama: Dios no me dio seis labios para quedarme callada.

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