Itziar Ziga
Itziar Ziga
Una rubia muy ilegal

Volver a follar extramuros

Por último, destruyeron el dolmen, y la gente pasó sus fornicaciones a la propia ermita… ¡Viva el pueblo guarro y desobediente!

La gente follaba sobre un dolmen cerca del fin del mundo, es decir, al aire libre. Nunca he tenido un dolmen tan cerca como para follar sobre él, pero se me ocurren al instante unas cuantas posturas. Y me viene una escena gloriosa, en las fiestas alternativas de Poble Nou. Mi amada Majo y yo embriagadas por una noche de verano, y por más cosas. Yo, toda abierta sobre el capó de un coche; ella, toda lasciva internando orgásmicamente su puño derecho en mi raja. Entonces, apareció un chaval. Tras mirarnos de cerca y perplejo, acertó a soltar: lesbianas. Yo espeté: ¡qué observador! Vi a mi amiga pensar: ni de coña saco el puño derecho del coño de La Itzi por este imbécil. Así que le dio un toque en la cara con el izquierdo. ¡Bárbara! El tío se fue sin rechistar. Y nosotras seguimos a nuestros alegres asuntos, el akelarre acababa de reiniciarse.

Este sábado se inaugura en Dumbría, A Coruña, la escultura de un licántropo local, el vákner. ¿Qué tendrá que ver un lobo-hombre con el frenesí sexual extramuros medieval? En este caso, la Iglesia cortarrollos. Para erradicar la lujuria sobre monumento paleolítico, primero construyeron una ermita al lado del dolmen. No surtió efecto. Después trataron de asustar al pueblo difundiendo rumores sobre un vákner depredador. Nada. Entonces inventaron a una bruja igual de mala llamada Orcabella. Nanai. Por último, destruyeron el dolmen, y la gente pasó sus fornicaciones a la propia ermita… ¡Viva el pueblo guarro y desobediente!

Siempre les costó más cristianizarnos que conquistarnos; han necesitado siglos fusionados con todos los regímenes políticos represivos que se iban acumulando, mucho castigo y mucha hoguera, para que dejemos de follar extramuros. Me hablaron de un párroco de Arrate desesperado porque, a la que se daba la vuelta en la romería, la gente ya estaba follando en el prado. Suben las temperaturas, y Euskal Herria está llenita de prados, dólmenes, ermitas, capós de coches…, y de nuevo, tras dos putos años, prometedoras fiestas. Le tengo más miedo al aburrimiento que a ningún vákner.

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