La Furia
La Furia

Erribera Erribera

Cada dos años, exactamente dos, la Ribera de Navarra recibe un buen número de visitantes vascos del centro, en furgonetas y ropa de deporte. Toda Euskal Herria se conecta en una carrera que no tiene nada que ver con llegar sino con sostener, pasar lo simbólico, la palabra y la identidad. Idealmente es bonito. Sin escuchar a las tripas y visto desde la teoría y la poesía euskaldun, la peregrinación a la Ribera en estas fechas (y a otros lugares identitariamente complejos de EH) es un acto de generosidad por parte de estas vascas del centro, que pudiendo correr en su Abaltzisketa natal, deciden acudir a la Ribera y recorrer sus kilómetros áridos y castellanísimo parlantes. La verdad es que hasta aquí todo bien, yo creo que están convencidos de que hacen una labor por el euskera e incluso que nos hacen un favor.

Hablo como vasca de la Ribera. Se dice pronto. Pues como vasca de nacimiento de la Ribera (esto quiere decir sin euskera en casa ni cerca. Quiere decir vasca porque me lo dijeron mi madre y mi padre, sin pruebas y quiere decir en pelea constante con una y con el entorno) toda esta cosa de los planes turístico/políticos para salvar a las salvajes a mí me da un poquito de gringe.

Nosotras también corrimos desde niñas y gritamos por las calles de nuestros pueblos, lo aprendimos de nuestras madres, que no sabían lo que era el NORK NORI NOR, lo hicimos pese a miradas y comentarios violentos. El euskera en nuestros territorios ha crecido por la lucha de unas pocas locas riberas. Cuando veo vuestras fotos con el testigo en alto por la bardena me imagino a mi bisabuelo el pastor viéndoos pasar como extranjeros. La cuestión es que la Ribera camine, decida, sea… ¿no? No necesitamos una cabalgata de vascos de verdad mirando como algo exótico a nuestro cacho de tierra, nuestros acentos y nuestras movidas, en serio. Os tenemos que dar las gracias supongo… yo, a parte de las gracias, porque sé que es buena vuestra intención, os pediría que vinierais a comer espárragos y alcachofas en cualquier otro momento, que vengáis en fiestas a bailar en la plaza y que nos miréis a la cara, que la tenemos a la misma altura.

Buscar