La muerte de Ander debería rompernos el corazón a todas. Tendría que, al menos, abrir un proceso de reflexión de gran calado en los cuerpos policiales, en el Departamento de Seguridad y en los medios de comunicación. Y, sobre todo, Itziar Carrocera, la alcaldesa del municipio de Santurtzi, debería pedir disculpas por justificar ciegamente la actuación de la Policía municipal y dejar abandonados a familiares y vecinas de Ander, haciendo aún más grande su sufrimiento. Ander era un joven santurtziarra de 29 años que sufrió un ataque psicótico, y acudió a la Policía municipal en busca de ayuda. En palabras de amigos y familiares, no era la primera vez que pasaba. Aun siendo esta la complejidad de la situación, y la vulnerabilidad del sujeto, el trato que recibió fue una inmovilización mediante descargas de pistola táser y dos horas de retenimiento a pleno sol, causando un ingreso hospitalario mientras que el joven estaba inconsciente. Murió tras estar dos días en coma. No hace falta tener un máster en feminismos para responder a situaciones como esta con más humanidad. Como decía un cartel visto en la movilización popular de este pasado viernes: “Un brote no es un delito, es una llamada de auxilio”. Una vez más se ha demostrado que el uso de las pelotas de goma o las pistolas táser son, más que actuaciones profesionales de cuerpos policiales que supuestamente cumplen la función de proteger, medidas represivas altamente peligrosas. Es una obviedad que existe un problema muy grande con el modelo policial. Lo vimos el pasado mayo en las cargas de Loiu contra la Global Sumud Flotilla, y lo vemos también en las elecciones sindicales de la Ertzaintza, donde ganan los ultraderechistas españoles que impulsan un modelo policial reaccionario alejado de los valores democráticos de este pueblo. No podemos seguir obviando el problema hasta que ocurra la siguiente desgracia. Es hora de tomar responsabilidades. Justicia para Ander.