Cuando se acercan las elecciones, el debate político se vuelve más agrio. No es mi intención ahondar en esa acritud, pero sí que me gustaría comentar dos afirmaciones hechas por líderes del PNV al hilo de la convocatoria electoral, porque creo que merecen una reflexión. La primera fue «Nosotros a lo nuestro». Hemos de suponer que «lo nuestro» es, entre otras cosas, trabajar por alcanzar nuevas cotas de autonomía. Un objetivo totalmente legítimo, por supuesto. Pero me ha parecido sorprendente que lo primero que se diga en el contexto de estas elecciones sea eso, porque se está obviando hasta qué punto depende nuestro nivel de soberanía como pueblo de lo que suceda con el Gobierno español. Es evidente que un gobierno apoyado por amplios sectores progresistas, que creen firmemente en la democracia y que respeten la idea de un estado plurinacional, es algo que conviene al nacionalismo vasco y se puede mencionar más de un ejemplo de la última legislatura. No puedo entender esa especie de desdén hacia lo que pase en Madrid. Además de parecer un poco postureo, es decir, ficticio, ya que no responde a la práctica política del PNV de las últimas décadas, pienso que puede tener un peligroso efecto desmovilizador. La segunda afirmación es la de que «No queremos hablar de bloques». ¡Yo también prefiero tender puentes a cavar trincheras! Pero, de nuevo, el PNV plantea una especie de política del avestruz: como no hablo de bloques, no hay bloques. Pues va a ser que sí. Y no hay más que echar un vistazo a lo que está pasando a nuestro alrededor. El bloque que puede formar la derecha y la ultraderecha, y que, de hecho, lo ha formado en muchos sitios, es un peligro real, auténtico, no inventado, para la democracia, para la convivencia, para el bienestar de la ciudadanía y para la lucha contra la desigualdad. Quizá el PNV quiera nadar y guardar la ropa. O quizá en el fondo no se cree lo que está diciendo. No lo sé. Pero no dar a estos temas la importancia que merecen es confundir a la gente. Hay que hablar claro.