Las hogueras han vuelto a iluminar la noche más mágica del año, en la que también se han entremezclado los ritos relacionados con el líquido elemento, hasta conformar una peculiar fusión de tradiciones asociadas al agua y el fuego en Euskal Herria.
Tras los febriles preparativos en la horas previas a la llegada de un anochecer que se hace de rogar en los primeros compases del verano, las llamas se han encargado de devorar viejos enseres y algún que otro apunte escolar, elevando chispas incandescentes que rasgaban la oscuridad.
Y cuando ya el fuego se iba aquietando y perdía fuerza, llegaba el momento del personal más aguerrido, que, dando grandes saltos, volaba por encima de esos rescoldos como sombras mágicas que dejaban atrás todo lo malo del año anterior y se purificaban de cara a lo venidero.
Pero el fuego no es el único protagonista de esta noche tan especial. El agua que mana de las fuentes y ríos en esta jornada también tiene su poder curativo, así que no ha faltado gente que ha buscado su contacto para proteger la salud.
Todo ello siguiendo las tradiciones más ancestrales, que siguen palpitando con fuerza en la cristianizada noche de San Juan para recordar que el solsticio de verano ya ha llegado y que la noche se ha visto desbordada por un sol que brillará con fuerza en las próximas semanas.

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