Mikel Zubimendi
Aktualitateko erredaktorea / redactor de actualidad

W74: elemento que alumbró el mundo, una proeza vasca

Todo empezó en 1783. En Bergara. Fue un hito de la Ilustración en Euskal Herria, y dotó con laboratorios y profesores punteros de Física y Química al Seminario. Los hermanos Elhuyar aislaron allí este metal, que hizo posible los filamentos de las bombillas y fue pilar de la modernidad industrial.

La exposición invita a descubrir la historia del wolframio a través de instalaciones audiovisuales, objetos históricos y narrativas de pasión.
La exposición invita a descubrir la historia del wolframio a través de instalaciones audiovisuales, objetos históricos y narrativas de pasión. (Andoni CANELLADA | FOKU)

La cita es en el palacio Errekalde de Bergara, vieja torre medieval reconvertida en chalet romántico del siglo XIX, en el que pasó los últimos años de su vida el Conde de Peñaflorida, primer director del Real Seminario. El sol de mediodía le da más espectacularidad al jardín, joya en el que confluyen naturaleza y ciencia, donde la vegetación y los árboles se distribuyen de forma muy planificada y cuenta con un sistema de agua de lo más refinado. Una auténtica gozada.

Nuestra interlocutora es Rosa Errazkin, directora del Laboratorium Museoa y comisaria de la exposición “W74: razón, poder y futuro”. Vamos a disfrutar de una visita guiada, mano a mano, a través del tiempo, sobre un elemento químico descubierto en Euskal Herria, De símbolo “W” y número atómico 74 en la tabla periódica que recoge todos los tipos de átomos que conforman el Universo tal y como lo conocemos. Que una de las piezas del Universo se descubriera en Bergara fue una proeza científica que situó a la villa mahonera en el epicentro de la investigación científica de la época.

Fenómeno ilustrado

Este es un viaje que va de la razón al poder y del poder al futuro. Comienza en un pueblo con ambiente ilustrado, donde se cultivó una cultura crítica de investigación, que concebía la educación como uno de los instrumentos de la reforma social. En un momento al final del siglo XVIII con la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (RSBAP) y con el Real Seminario en el que se crearon unas condiciones muy especiales. No sucedió en Bergara por casualidad, sino gracias a la existencia de circunstancias adecuadas: la planificación y fines científicos del Seminario; el buen equipamiento de sus laboratorios; científicos de prestigio, círculos intelectuales, contactos…

Poca broma. El francés Joseph Louis Proust, uno de los fundadores de la química moderna, recordado por haber propuesto la ley de las proporciones definidas, era profesor en el Seminario y montó el excelente Laboratorium Chemicum del centro. En esas instalaciones descubrieron los hermanos Elhuyar en 1783 el wolframio; pero, por ejemplo, también se encontró en el mismo lugar el método para lograr la maleabilidad del platino, lo que permitió el uso del valioso metal. Disponían de una infraestructura científica de primer orden: laboratorios de Química, gabinetes de Física, jardín botánico, colecciones de zoología, observatorio meteorológico…

Y es que el wolframio tiene un conexión brutal con Euskal Herria, a ambos lados de la muga. La estirpe de los Elhuyar era originaria de la casa Elizaldea de Hazparne. Los hermanos Elhuyar, Fausto y Juan José, además de Fermín y María Lorenza, fueron hijos de Juan Elhuyar y Ursula Lubize, originaria de la casa Gratxenea de Donibane Lohizune. Su padre fue médico, un especialista de mucha fama que operaba cataratas. Anticlerical, de ideas progresistas, fue miembro de la RSBAP, institución clave de la Ilustración en Euskal Herria. Se enriqueció con el aguardiente y así logró los reales para pagar los estudios de sus dos hijos en París y Freiberg (Alemania), donde se especializaron en Química, Física y Minerología.

La exposición está ubicada en el Palacio Errekalde de Bergara. (Andoni CANELLADA/FOKU)

Los hermanos Elhuyar pasaron luego por Bergara, cuna de la Ilustración vasca, por el Laboratorium Chemicum que fundó la RSBAP, institución fundada por los caballeritos de Azkoitia (Xabier María de Munibe, conde de Peñaflorida, Joaquín de Eguia, marqués de Narros, y Manuel Ignacio de Altuna) y financiada por poderosos mecenas de Bergara. Y en una vuelta de la historia, siglo y medio después, volvió a Euskal Herria en forma de contrabando.

Poder y geopolítica

La segunda parte del recorrido inmersivo se centra en la geopolítica del wolframio, pues quien lo controlaba se hace con un poder brutal. Estratégico en la industria armamentística, con un punto de fusión muy alto, fue fundamental para los blindados, para hacer cohetes, motores de aviación... Y fue objeto de contrabando entre dictadores. Un contrabando en favor de los nazis que también arraigó en el Bidasoa, muy delicado, hiper secreto, que implicó a funcionarios y cargos políticos, y generó ganancias millonarias.

Antes de la II Guerra Mundial, los alemanes importaban el wolframio de China e India. Pero con los primeros ataques contra la URSS, los soviéticos cortaron las vías férreas y se vieron forzados a buscar otros depósitos. El 95% del wolframnio de Europa estaba en la Península Ibérica, en el oeste, en Galicia, el Bierzo, Salamanca y Portugal. Y se convirtieron en objeto de deseo de alemanes y aliados. Y de los franquistas que querían dinero y navegar entre las dos aguas.

Por su densidad, resistencia extrema y el mayor punto de fusión de todos los metales, el wolframio sigue siendo estratégico en la industria. Se usa en motores de cohetes y blindajes aeroespaciales, en relojes, brocas o bolígrafos. China lidera su extracción, seguido de Rusia, Vietnam y Bolivia.

Conviene recordarlo y así nos lo recuerda la exposición: el wolframio, material estándar para fabricar los filamentos de las bombillas incandescentes, fue hallado cuando solo eran conocidos 24 elementos dentro de una lista que en la actualidad está compuesta por 118 materiales en la tabla periódica. En el descubrimiento solo han participado 13 países, como Alemania, Estado francés, Rusia, EEUU, Suecia o Gran Bretaña, y que entre ellos esté Euskal Herria explica la magnitud del hito.

La exposición cuenta con instalaciones audiovisuales, objetos históricos y narrativas. (Andoni CANELLADA/FOKU)

«Wolfram», del alemán wolf-rahm (baba de lobo), aunque los anglosajones preferieron la palabra de «Tungsten», del sueco tung (pesada) y sten (piedra). En Laboratorium de Bergara se hace apología, y con razón, de la palabra «wolfram». Y se explica: en 1781, Carl Scheele y Torbern Berman sugirieron un nuevo elemento reduciendo un ácido llamado «ácido túngstico» obtenido a partir del mineral scheelita (CaWO4). Pero, los hermanos Elhuyar el 1783 encontraron un ácido a partir de la wolframita idéntico al ácido túngstico. Consiguieron aislar el nuevo elemento por medio de una reducción con carbón vegetal y publicaron el análisis químico del elemento W describiendo este descubrimiento.

Claves de futuro

En la tercera parte de la exposición, testimonios de diferentes sectores industriales y de la investigación explican cómo el wolframio sigue presente en tecnologías de vanguardia, desde componentes que protegen haces de partículas en el CERN (el mayor laboratorio de física de partículas del mundo) hasta piezas sometidas a condiciones extremas en aeronaútica, con una presencia notable en el proyecto de fusión nuclear ITER, donde adquiere una importancia vital.

Termina un viaje flipante por la memoria condensada de la mayor y la más universal aportación científica que Euskal Herria jamás ha realizado. Aislado en el pueblo de Bergara, hace más de 200 años, el wolframio aún tiene suficientes sorpresas para despertar la curiosidad de todo el mundo.