Marcel Pena
Aktualitateko erredaktorea / Redactor de actualidad

Malestar emocional y tecnología: cóctel explosivo en mentes adolescentes

Las autolesiones en adolescentes requieren una mayor prevención y una respuesta coordinada, según defendieron varios expertos en los cursos de verano de EHU. También alertaron del impacto de las redes sociales: «De un cerebro en el que solo entra mierda, solo puede salir mierda».

Huguet, Onandia y Valero, ponentes del curso de verano de UIK.
Huguet, Onandia y Valero, ponentes del curso de verano de UIK. (Oskar MATXIN EDESA | FOKU)

En la época de la hiperconexión, a los tradicionales problemas que enfrentaban los adolescentes de otras generaciones se les han sumado otros derivados de las nuevas tecnologías. Ante esta disyuntiva, los profesionales, agrupados en docentes y psicólogos, han tenido que adaptarse para afrontar estos cambios y poder ofrecer la ayuda y apoyo que los jóvenes necesitan en un momento clave de su crecimiento, y en el que, a la vez, son más vulnerables.

La mesa debate ‘Ser niño, adolescente y joven en el siglo XXI: identidad, neurodivergencia y retos psicosociales en la era digital. Retos presentes y retos futuros’, enmarcada en el curso de verano homónimo de Uda Ikastaroak (UIK) de EHU, juntó el pasado 9 de julio a los profesionales Elena Huguet, psicóloga y docente por la Universidad Europea de Madrid; Iban Onandia, psicólogo, neuropsicólogo clínico y doctor en Psicología Clínica, además de organizador del curso; y Selene Valero, profesora permanente laboral por la Universitat de València.

La charla recogió el guante de la exposición anterior, realizada precisamente por la propia Huguet, sobre ‘Autolesiones en la adolescencia del siglo XXI: del cuerpo a la pantalla’. En este caso, la psicóloga explicó que detrás de los cortes y las lesiones hay otra parte invisible, la que ellos, como profesionales, deben destapar para intentar sanarla. Detrás de la práctica autolesiva, los profesionales no solo observan una conducta de riesgo, sino que destacaron su papel como estrategia de regulación emocional.

Por eso, defendieron conocer cada caso y tratarlo individualmente, siempre dentro del contexto concreto del menor. Es en este punto cuando entra en juego el papel de los centros educativos, quienes son los responsables de adaptarse al caso de los menores con dificultades emocionales o psicológicas. Así, mencionaron posibles soluciones, tales como dejar salir del aula a estos niños cuando afrontan una crisis, con el fin de que se «autorregulen», u ofrecerles una figura adulta de referencia con la que poder comentar sus preocupaciones.

Sobre la incidencia que pueden tener los centros habló Valero, quien afirmó que, en su caso, cuando ha pedido cifras para hacer una investigación sobre el suicidio y las autolesiones, se ha encontrado con colegios –y hasta universidades– que no quieren tratar el tema: «Me dicen que “esto no; mejor algo de autoestima”. Quieren que no se relacione su nombre con determinadas cifras. No porque no las haya, sino porque es publicidad negativa. Es parte de la cultura estigmatizante».

Después de que Onandia expusiera algunos casos de menores con los que ha tratado y con los que, inevitablemente, ha empatizado, salió a la palestra la necesidad de «cuidar a los cuidadores»; esto es, dar importancia también al apartado psicológico de los profesionales educativos. Según relataron, esta todavía es «una tarea pendiente» en una profesión muy exigente. Por ello, tal como recordó el neuropsicólogo, el Gobierno de Lakua lanzó una línea de psicólogos para atender específicamente a docentes y profesores. En cambio, esta propuesta, todavía en fase embrionaria, choca frontalmente con una realidad en la que falta formación práctica para manejar conductas de riesgo suicida y la lista de profesionales y recursos especializados es escasa.

Autolesiones en edad adulta

Si bien las autolesiones, en la inmensa mayoría de los casos, desaparecen en la edad adulta, los expertos advirtieron de que «se muestran de otra manera». Por un lado, Huguet recordó que en la adolescencia las funciones ejecutivas de autocontrol y de gestión de las emociones están todavía en proceso de desarrollo, mientras que en la etapa adulta ya se han asentado. Por otra parte, y advirtiendo de que se trataba de una «teoría», desarrolló la idea de que «las autolesiones cambian de forma».

Momento de la exposición de los tres profesionales. (Oskar MATXIN EDESA | FOKU)

En este sentido, mencionó rutinas y prácticas tales como los tatuajes, beber alcohol en exceso, participar en peleas… «Se trata de una adaptación al contexto adulto, que además es menos estigmatizante. Por ejemplo, fumar para calmar los nervios. Es un daño tisular automático a los pulmones, pero nadie dice que sea autolesivo. Por eso siento que en el mundo adulto hay autolesiones enmascaradas, que no cumplen con las etiquetas, aunque por lo general la gente deja de lesionarse. El mensaje tiene que ser esperanzador», remató Huguet.

Respecto a la aparición de comunidades online en las que se juntan adolescentes con problemáticas similares, Huguet afirmó tajantemente que, lejos de proteger, estos grupos «forman parte de la autolesión incitante». Así, detalló que estas comunidades «fomentan constantemente» la autolesión y que, en lugar de ser espacios de ayuda, sirven para «compartir medios, métodos e ideas de hacerlo sin que los demás se enteren», por lo que suponen «un riesgo» de contagio social. Sin embargo, advirtió de la dificultad por controlar estos grupos, que pueden surgir tanto en páginas especializadas como dentro de aplicaciones como TikTok o Instagram, o incluso en chats internos de videojuegos a través de Discord. 

Nuevas tecnologías y malos usos

En ese sentido, y ampliándolo también al tema del suicidio, Valero solicitó más «prevención» antes que la «intervención»: «Llegamos tarde todo el tiempo: en infancia, en primaria, en secundaria, en la universidad…». Así, mencionó los falsos mitos sobre el suicidio difundidos a través de series como ‘13 Reasons Why’, que criticó por cómo aborda esta problemática.

A este respecto, Huguet añadió que incluso entre los propios psicólogos existen estigmas y tabúes, por lo que apostó por hablar más del tema desde el punto de vista social. Sobre este asunto alabó el papel y la divulgación de Miguel Guerrero Díaz, coordinador del Programa de Prevención del Suicidio del Gobierno andaluz y conocido por sus intervenciones tanto en sede parlamentaria como en redes sociales.

Finalmente, sobre el papel de las redes sociales incidió Valero, al destacar que, si bien pueden aportar aspectos positivos, en el caso de los adolescentes pueden producir un efecto nocivo que se ve reflejado posteriormente en su capacidad de atención en las aulas o en la potenciación de identidades retrógradas, cada vez más «machistas». Huguet relacionó este último punto con «la necesidad de pertenecer», en un momento en que los jóvenes varones «se sienten poco vistos». Así, la psicóloga cree que los discursos de extrema derecha «envalentonan» a los adolescentes, haciéndoles sentir que «forman parte de algo muy poderoso».

Contra este extremo, concluyeron los expertos, solo queda fomentar el «pensamiento crítico» en las aulas y reforzar valores de respeto e igualdad. Sin embargo, apuntaron a la dificultad de llevar a cabo estas tareas en las aulas debido al propio impacto que la tecnología tiene en los jóvenes. «Hay chavales que llegan a clase habiendo dormido cuatro horas, con medias de conexión al teléfono altísimas. Es algo que va en contra de sus funciones cognitivas. ¿Cómo se le puede meter en la cabeza la historia o las matemáticas? De un cerebro en el que solo entra mierda, solo puede salir mierda», remató Onandia.