18 ENE. 2026 LITERATURA El juego de nunca acabar Kepa Arbizu {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} A veces, para poder contemplar con nitidez la silueta del mapa creativo legado por un autor, conviene tomar cierta perspectiva temporal que nos facilite una observación no corrompida por el zoom aumentativo impuesto por el presente. Tal parece la misión encomendada a este volumen que recoge las tres novelas firmadas hasta la fecha -que se completan con su producción de relatos- por el escritor bilbotarra, una puesta en escena conjunta que ayuda a definir con mayor exactitud estas particulares y originales huellas de acercamiento a la idiosincrasia humana. Con más puntos en común de lo que podría transmitir la variedad de sus argumentos, incluso anida en esta recopilación un posible hilo conductor que discurre, tomando diferentes caminos, en torno a la imposibilidad de crecer y aprender ajenos al dictado de los renglones torcidos, por mucho que se intenten construir fantasías cotidianas para escapar de su vértigo. Incertidumbres expresadas bajo el sustento de un realismo sucio que adopta un formato especialmente ágil tanto por su mixtura de géneros como, sobre todo, por el irónico, y casi cáustico, costumbrismo con el que es zurcido. Ingeniosa acidez aplacada, si exceptuamos la muy representativa transformación del Walt Disney World en fortaleza defensiva frente al marasmo apocalíptico, en “Los últimos”, donde su aspecto de ciencia ficción resulta el cascarón estilístico de un drama familiar, pero espoleada por las vidas cruzadas que confluyen en el sui géneris thriller “Tangram” o sobre todo a través del repunte sarcástico aplicado a “Resort”, masaje nada contemplativo a esos centros vacacionales donde fermentan frustraciones laborales, paternales o lujuriosas. Y es que los intentos para invisibilizar nuestros precarios instintos, bajo el mandato de Juan Carlos Márquez, terminan convertidos en una incontrolable detonación de peligrosas consecuencias. Como una suma de microcosmos particulares -e incluso pintorescos- que derivan en un retrato universal, leer esta obra, o lo que es lo mismo, acceder a la biografía novelesca de su autor, supone, utilizando el título bajo el que es nombrada, enfrentarse con fascinación a cada nuevo reto que tenían preparados aquellos videojuegos. Porque al igual que esas largas horas pasadas en los salones recreativos frente a las máquinas, en realidad no aspiraban a llegar al final de la partida triunfantes, sino a buscar las herramientas necesarias para que cada pantalla no significara la última. Historias expresadas bajo el sustento de un realismo sucio que adopta un formato especialmente ágil por su mixtura de géneros y el irónico costumbrismo con el que es zurcido