29 MAR. 2026 LITERATURA Tejer una nueva realidad Kepa Arbizu {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Si como dijo Mark Twain, la historia no se repite pero rima, dicha sentencia es del mismo modo válida para la ficción, al fin y al cabo espejo donde se refleja lo verídico. Por eso, pese a sus diferencias, son mayores las similitudes entre la comedia griega “Lisístrata”, donde unas mujeres se ponían en huelga sexual como forma de presión para atajar el ímpetu bélico, y la debutante novela (originalmente publicada en su lengua) de esta joven autora gallega. Ubicada en el costero y laberíntico pueblo de Camariñas, en este caso la inactividad femenina corresponderá a la ancestral tarea del encaje de bolillos, un ritual cotidiano que tomará forma de invocación mágica. Como es lógico, estas páginas huelen a salitre, pero igualmente a aguardiente; acogen a meigas, encarnadas en arañas gigantes, pero también sostienen fardos de droga. En definitiva, un microcosmos que se debate entre la bravura de su oleaje, con su inevitable paisaje de inciertos destinos, y un contexto social donde el silencio y la aceptación ofician de esclavitud. Entre el realismo y la fábula, favoreciendo su prosa poética, será el personaje de una recién llegada a la localidad, en tareas de guía turística, quien en su papel de narradora enhebre un relato que, de manera astutamente intencionada, otorga un lenguaje diferente a cada grupo de personajes, lo que estilísticamente le permite saltar de Manuel Rivas a Méndez Ferrín o a la más alegórica Marta Sanz. Porque la realidad, para que tome forma y sentido, necesita de palabras, y estas nunca son las mismas, como tampoco lo es la fotografía que pretenden capturar. Será la muerte en el mar de una niña lo que impulse a su madre a querer cambiar el rumbo de la historia, al menos la que se escribe en ese pequeño reducto, a través de un conjuro que no necesitará pócimas, ni sapos, solo hilo y destreza. Instrumentos de una labor, como tantas otras, despreciada por ser un mero pasatiempo pero que, sin embargo, significa la construcción de fuertes vínculos comunitarios y, por extensión, el poder para sostener a toda una civilización. Protagonizada casi en exclusividad por mujeres, son ellas las que hacen que este libro navegue entre el embrujo y lo telúrico, abriendo las aguas para escuchar la tierra firme pero sin obviar su naturaleza tempestuosa. Y son sus manos, envejecidas antes de tiempo consecuencia de un rudo trabajo invisibilizado, las que aquí se entrelazan bajo un dulce tacto dispuestas a alterar una realidad que pretende enmudecer sus voces. Un microcosmos entre la bravura de su oleaje, con su inevitable paisaje de inciertos destinos, y un contexto social donde el silencio y la aceptación ofician de esclavitud