7K - zazpika astekaria
PSICOLOGÍA

Gafas de sol para la mente

(Getty Images)

Las personas tenemos maneras de colocarnos “gafas de sol” cuando lo que nos está pasando es “demasiado” brillante. Y ese “demasiado” puede hacer referencia a muchas cosas, si bien, en general, hablamos de demasiada estimulación. Los eventos de la vida, las conversaciones o los gestos de otras personas pueden ser más intensos de lo que estamos acostumbrados, y no necesariamente porque lo que nos digan o hagan sea más fuerte de lo habitual, sino por nuestra propia reacción emocional al respecto, nuestra propia sensibilidad.

Una misma frase, imagen o gesto, una misma situación vital puede impactar de forma muy diferente -incluso radicalmente diferente- a dos personas distintas, con distintas historias y experiencias previas. A una puede requerirle mucha energía psicológica, es decir, puede activarle fisiológicamente, tensándole, por ejemplo, o agitando el cuerpo hacia una acción constante pero sin rumbo; o también emocionalmente, elicitando una intensidad de emoción que dificulte pensar con claridad o que genere parálisis; o puede activar la parte más cognitiva de la mente y tenernos pensando obsesivamente en ello, de forma invasiva, sin permitirnos considerar otros aspectos de nuestra vida durante un buen tiempo. A otra persona, sin embargo, puede resultarle meramente anecdótico y no experimentar nada de lo anterior.

Cuando las cosas nos resultan demasiado, a veces activamos nuestros filtros, esas interrupciones de las vivencias que acabamos de describir, como una manera de intentar recuperar el control del impacto. Y entonces, a pesar de que la tensión se almacene, de que el impacto sea innegable y de que la preocupación no desaparezca, podemos aplicarnos restricciones a nuestra propia experiencia, cortando la percepción del efecto que ha tenido en nosotros, en nosotras, lo vivido. Podemos dejar de pensar, de sentir, e incluso de notar el cuerpo durante un tiempo. Podemos apagarnos físicamente o hiperexcitarnos para tapar una sensación física desagradable (como el nudo en el estómago), podemos vivir en la luna durante un tiempo y pensar solo en entretenimientos, o lo contrario, obsesionarnos con algo que no tenga nada que ver pero sea más controlable; podemos incluso focalizar nuestra atención en emociones que nos den más poder, como la rabia, en lugar de sentir la tristeza o el miedo.

Todas ellas son formas en las que las personas estamos y no estamos plenamente, al mismo tiempo, dentro de nuestra experiencia, con la esperanza de que el sistema no colapse y poder seguir funcionando, sobrevivir, al fin y al cabo.

Huelga decir que mitigar no resuelve, pero lo hace tolerable, y que, para resolver, solo nos queda volver a ser conscientes de lo que hemos apartado, para lo cual, sin duda, necesitamos sentirnos seguros, seguras, y de tener compañía… Para no tener que mirar al sol directamente.