07 JUN. 2026 PANORAMIKA Lugar y contexto Andoni Euba expone su proyecto «Aretxaga-Miribilla» en la Galería bilbaina Juan Manuel Lumbreras, y se puede ver hasta el 12 de junio. (Cortesía de la Galería Juan Manuel Lumbreras) Iker Fidalgo {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Las obras de arte no existen por sí mismas, o no al menos de manera completa. Como todo proceso expresivo o comunicativo, necesita de diferentes roles que actúen en el intercambio de sensaciones. Para esto no es imprescindible, pero sí importante, la presencia del público. En cualquiera de sus categorías o tipologías posee la mirada que activa la pieza y es quien se deja atravesar por ella. Pero, a la vez, cada obra está condicionada por aquello que le rodea. El entorno, el lugar donde se expone, la iluminación o la altura a la que se dispone. También influyen las piezas con las que dialoga, aquellas con las que comparte espacio o programa expositivo. Esto nos deja entrever la tremenda permeabilidad del arte. Por mucho que un trabajo sea una identidad propia firmemente asentada, la percepción siempre se verá alterada por todos los elementos que confluyen en ese momento preciso, los internos e inherentes a la obra y aquellos que le son ajenos pero inevitables. ¿Cómo puede un contexto alterar o variar las interpretaciones y significados de una obra de arte? Para contestar a esa pregunta, puede que el ejemplo más claro sea el de la diferencia entre el espacio público y el espacio privado/cerrado. Muchos son los trabajos que han sido expuestos en ambos entornos, así como diferentes han sido las sensaciones que han generado. El espacio urbano, entendido como la ciudad contemporánea, es un lugar plagado de estímulos visuales y auditivos. Todo es información para viandantes y vehículos, zonas de consumo y lugares pensados para el desplazamiento. En contraposición con un museo o un espacio expositivo donde todo está pensado y controlado, los códigos bajo los que se desenvuelve son mucho menos predecibles. Es por eso que, a veces, el arte destinado a emplazamientos públicos parece estar condenado a misiones meramente decorativas, casi señaléticas o como habitantes de rotondas. Pero la potencia del arte en la calle va mucho más allá. El trabajo que reseñamos hoy se mueve en esas capas de lectura. En el año 2018, el artista bilbaino Andoni Euba (Bilbo, 1962) inició un proyecto llamado “Aretxaga-Miribilla”. Las paredes exteriores de su taller se convirtieron en una instalación donde un mural fijo de 4x4 metros servía de anfitrión para ocho piezas cambiantes de 2x3 metros. Una suerte de galería al aire libre que interpela a una ciudad y a las múltiples identidades que la componen. La Galería Juan Manuel Lumbreras inauguró a finales de abril y hasta el doce de este mes una exposición con una selección de siete piezas que forman parte de dicho proyecto. El tamaño de las obras desborda las paredes del espacio. La combinación de unos negros potentes en los fondos y un trazo brillante y gestual compone una colección tan impresionante como sugerente.