08 NOV. 2026 MÚSICA Bedouine (Adam Berry-Redferns I Getty Images) GOTZON URIBE {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} En un panorama donde la velocidad de consumo suele devorar la sutileza, el regreso de Bedouine (Azniv Korkejian) se recibe como un bálsamo de elegancia, templanza y calidez. Tras la aclamada sobriedad de su disco homónimo de debut y la sofisticación barroca de “Bird Songs of a Killjoy”, la cantautora de origen sirio-armenio criada en Los Ángeles presenta “Neon Summer Skin” (Spacebomb/ The Orchard, 2026), un tercer trabajo donde expande sus coordenadas sonoras habituales hacia horizontes más luminosos, sutilmente psicodélicos y envolventes. El título del disco evoca de inmediato una dualidad. Se trata del choque entre la temperatura corporal, orgánica y natural de la piel frente a la luz sintética, eléctrica y urbana del neón. Es precisamente en ese umbral entre el reposo contemplativo del folk acústico y los destellos retro-futuristas de la noche angelina donde “Neon Summer Skin” encuentra su equilibrio perfecto. El trabajo representa la evolución más ambiciosa de Korkejian hasta la fecha. Si bien mantiene su inconfundible rasgueo de guitarra acústica, esa voz aterciopelada que evoca a leyendas como Vashti Bunyan, Astrid Gilberto o Joan Baez, el disco introduce un manto instrumental más rico y expansivo. Bajo la producción de Gus Seyffert y con arreglos orquestales de altura, las canciones incorporan sutiles capas de sintetizadores analógicos de los años setenta, líneas de bajo groovy de pop sofisticado y una sección de cuerdas de gran delicadeza. En cortes como el homónimo “Neon Summer Skin” o la hipnótica “Midnight Velvet”, las guitarras folk dialogan con pianos eléctricos Wurlitzer y pulsiones rítmicas suaves que remiten tanto a la época dorada de Laurel Canyon como a la elegancia cinematográfica del pop francés de Serge Gainsbourg. Bedouine vuelve a hacer gala de una sensibilidad prodigiosa para la observación de las pequeñas distancias humanas. Con una prosa poética, precisa y despojada de dramatismos innecesarios, las letras de “Neon Summer Skin” transitan por la nostalgia de los veranos perdidos, el sentido de pertenencia de quien se sabe nómada por naturaleza y los afectos que resisten al paso del tiempo. En la conmovedora “Mirage in the Heat”, canta sobre el espejismo de la memoria, mientras que en la intimista “Dust & Light” reflexiona sobre la necesidad de hacer pausa en medio del ruido contemporáneo. La interpretación vocal permanece contenida, íntima y cercana, casi como si estuviera cantando al oído del oyente a escasos centímetros del micrófono. Un nuevo álbum en el camino que confirma a Bedouine como una de las compositoras y arreglistas más talentosas de la canción de autor contemporánea. Lejos de estancarse en una fórmula acústica predecible, Korkejian arriesga al enriquecer su paleta de colores sin perder la honestidad que la caracteriza. Un álbum que engancha, nocturno y reconfortante. (Lorne Thomson-Redferns I Getty Images) Julia Jacklin La cantautora australiana Julia Jacklin regresa con “The Gem”, cuarto álbum con el que vuelve a demostrar su talento único para transformar las complejidades del desamor en una experiencia catártica. Con su inconfundible voz -cercana, frágil y dotada de una gran franqueza-, Jacklin edifica un santuario sonoro de guitarras acústicas cristalinas, sutiles arreglos de piano y una producción orgánica. El álbum explora la madurez emocional y el peso de la memoria con un equilibrio perfecto entre la melancolía y el alivio. Sin artificios innecesarios, “The Gem” muestra a Julia Jacklin como una de las voces más honestas y magnéticas de la actual escena del indie-folk.