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GELASE KIM

Gelase Kimdiez. Años de travesía musical

Miles de africanos llegan a Europa cada año huyendo de guerras, miseria y dictaduras. Muchos mueren por el camino y no logran su ansiada meta. Gelase Kim tuvo suerte: la música le ayudó a sobrevivir. 


Gelase Kim tardó diez años en recorrer los más de 7.000 kilómetros que separan su ciudad natal de Pointe Noire, en la República del Congo, y Huelva, donde vive en la actualidad. Para llegar a Europa, recorrió junto a su hermano mayor varios países africanos, como Benin, Níger, Burkina Faso, Libia, Argelia y Marruecos, incluidos los desiertos del Sáhara y Teneré. Tenía solo 17 años cuando en 1997 abandonó su hogar en busca de un sueño: llegar al Estado español y poder vivir allí de su pasión, la música. No fue hasta 2007 cuando Gelase logró, gracias a un pasaporte falso, cruzar en barco desde Marruecos a Andalucía, donde en la actualidad está casado y tiene dos hijos.

La música fue precisamente su salvación en este periplo, dado que en todos los países que atravesó ofreció conciertos, tanto en la calle, como en bares o locales nocturnos con los que se pudo costear la larga travesía. Su carrera musical comenzó cuando Gelase tenía únicamente cuatro años y su padre le llevaba a un coro, donde aprendió a cantar. A los diez comenzó con la trompeta e hizo un curso de solfeo con un profesor que tocaba el piano en diferentes hoteles del Congo. Al comprobar la fuerza de su voz y su habilidad con el instrumento de viento, el maestro se lo llevó a varias actuaciones en las que cantaba versiones francesas y afroamericanas.

Desde entonces, Gelase se ha «ganado la vida» con la música, tal como él mismo reconoce a 7k, días antes del concierto que ofrecerá en Gasteiz, organizado por la ONG Músicos Sin Fronteras. Será la segunda vez que colabora con esta organización, que ya lo trajo a la capital vasca en 2008 para grabar en unos estudios su tema “Libertad” y actuar de forma solidaria en el Hogar Betoño para personas sin hogar.

De manera autodidacta ha ido aprendiendo a tocar distintos instrumentos, como la guitarra, el piano o la sanza, también conocida como kalimba, originaria de África. Así, en cada uno de los países africanos que atravesó se fue empapando de sus ritmos y melodías que ha ido incorporando a su propio estilo, dando fruto a su primer disco, titulado “Liberté”, que vio la luz en junio de 2014 con doce canciones, entre las que destacan “Libertad”, “Creo en ti” y “Canción para África”. Este primer álbum, que es una autoproducción, se puede adquirir en su página web (www.gelasemusic.com) o a la salida de sus conciertos. Dedica su primer trabajo a «todos los hombres y mujeres que, día y noche, creen y luchan incansablemente por la libertad, la paz y la igualdad entre todos los pueblos del mundo».

El músico, que en sus conciertos no solo canta, sino que también toca la trompeta y la guitarra acústica, se mueve ahora entre el Estado español y Gran Bretaña, actuando junto a su banda, compuesta por Enrique Mengual (bajo), Alejandro Cruz (piano) y Dany Moreno (batería e instrumentos de percusión). Muy lejos quedan aquellas sesiones en plena calle en Marruecos o Argelia, país este último donde le regalaron una guitarra con la que aprendió a tocar este instrumento. Varios periodistas argelinos le descubrieron tocando en la calle y le invitaron a programas de televisión. Con el dinero que ganó, pudo llegar a Rabat, capital de Marruecos, su última parada africana, donde se dedicó a cantar en discotecas con músicos de distintas partes del mundo, como EEUU, Italia o Estado francés. Fue en este país donde, según relata, se compró varios libros para aprender a tocar el piano, instrumento que acabó comprándose para practicar.

Durante los diez años en los que estuvo viajando, asegura que aprendió cosas «muy bonitas» de las personas que le acogieron en sus casas de forma desinteresada. «Meter en casa a una persona que no sabes de dónde viene ni cuál es su historia es complicado, por eso valoro muchísimo que me acogiera gente desconocida en todos los países, convirtiendo mi viaje en una experiencia increíble», destaca. Así, asegura que en su periplo ha podido comprobar que «hay mucha gente buena en el mundo» y que ha compartido momentos con personas «incomparables e increíbles», por lo que ha aprendido que «no solo hay que ver el lado malo de la gente, sino que hay que valorar su parte buena, por lo que es muy importante ayudar y echar una mano a los demás».

De su viaje, apunta que la parte más dura fue atravesar el desierto del Sáhara, donde, a pesar de sentirse muchas veces «desamparado al estar muerto de hambre y sed», se las arregló para encontrar una «gran cantidad de fuerza dominando mi debilidad física, mis miedos y mis dudas». De este modo, asegura que, tras haber vivido duras experiencias como la de pasar dos o tres días sin probar bocado, ha aprendido a «superar el estrés y a controlar el miedo».

Un solo año para lograr el grado de música. Su llegada a la idealizada Europa tampoco fue fácil, dado que nada más pisar el Estado español se convirtió en un inmigrante «sin papeles». Ello no impidió que se asentara en Sevilla, donde estudió castellano durante el primer año, llegando a hablar con fluidez esta lengua en tres meses. Pero en su mente seguía teniendo claro que quería continuar dedicándose a la música, por lo que, tras hablar con la mujer que le atendió en la oficina de Atención Social, logró que le hiciesen una prueba en el conservatorio de música de Sevilla, en el Francisco Guerrero. La superó, pero desde la dirección del centro le pusieron como condición que debía estudiar y aprobar en un año el Grado Medio de Música, que tiene una duración de cuatro años.

No supuso ningún problema para Gelase, quien en doce meses obtuvo sin problemas el título, llegando a convertirse incluso en el estudiante número uno de guitarra. Su proceso formativo no acabó ahí sino que continuó estudiando guitarra clásica con Lola Montes, profesora principal de este instrumento en el citado conservatorio, al tiempo que asistió durante tres años a clases de jazz como trompetista, así como otros dos años a clases de piano. «Ahora vivo de la música, no solo tocando en diferentes lugares, como en las playas de Cádiz y Huelva durante el verano, sino que también doy clases particulares de guitarra», recalca el cantante africano, quien reconoce que nunca ha tenido otra ocupación, sino que se ha dedicado exclusivamente a la música, porque «es lo que sé hacer y lo que me gusta hacer».

Por eso y tras haber cumplido su sueño de vivir de lo que le apasiona, no tiene dudas en animar a todo aquel que tenga una ilusión a que lo intente y «trate de luchar por ella para hacerla realidad, pero siempre siendo realista, con los pies en el suelo y no a lo loco». En este sentido, admite que a lo mejor si ahora mismo tuviese que hacerlo no volvería a arriesgarse a cruzar a Europa en patera, tal como hacen cada año miles de africanos, dado el peligro que comporta. Estuvo a punto de utilizar esta vía para llegar a la península, pero logró entrar en un barco de transporte de pasajeros tras pagar a una mafia por un documento falsificado. «Desafortunadamente, hay mucha gente que se aprovecha de la emigración y se mueve mucho dinero con esto», lamenta.

«El éxito es posible para quienes perseveren», recalca. Sin embargo, insiste en que, pese a los «numerosos obstáculos» que existen, es posible «el éxito para quienes realmente perseveran» y advierte de que «se pierden muy buenas ideas a causa de nuestras vacilaciones, dudas y, sobre todo, por nuestra falta de determinación». No obstante, su viaje le ha enseñado a ser optimista, por lo que afirma que «el fracaso de hoy puede convertirse en una solución para el futuro si estamos abiertos a aprender».

De todo ello habla Gelase Kim en sus canciones, en las que, mezclando diferentes estilos, como el jazz, blues, clásica, soul, funk o reggae, denuncia las injusticias y canta «a la libertad de todos, así como al amor y a la esperanza». Ahora ya escribe sus propios temas, si bien en sus inicios como cantante de cabaret se dedicaba únicamente a versionar los éxitos de Louis Amstrong, Marvin Gay, James Brown, The Beatles o Bob Marley, entre otros.

El músico no olvida sus raíces africanas y cita a artistas como Fela Kuti, de Nigeria; Manu Dibango y Richard Bona, de Camerún; y a Lokua Kanza, del Congo, como algunos de sus referentes. Tras cumplir su sueño de dedicarse a la música, ahora su máxima ilusión es tocar con cantantes como Fito o Alejandro Sanz. Hasta que se cumpla,, Gelase Kim sigue ofreciendo conciertos como el de Gasteiz con la esperanza de que los mensajes de sus canciones «toquen los corazones de quienes las escuchan».

Gelase actúa el 29 de diciembre (19.30 horas) en la sala Araba de la Caja Vital de Gasteiz, en el marco del III Certamen de Música y Derechos Humanos.