10 ABR. 2016 MODELOS MUY CAPACES Otra pasarela es posible La moda y la publicidad, con excepciones, los evita. Les asusta su diferencia. Son modelos de pasarela. Y discapacitados. Una agencia catalana apuesta por ellos. Fernando Sánchez {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} La industria de la moda en el Estado español representa un 2,7% del PIB; es decir, más que la agricultura, la ganadería y la pesca juntas. Y, sin embargo, esta todopoderosa maquinaria económica, que puede llegar a pagar hasta 450 euros por un tuit a una bloguera a cambio de elogiar unas sandalias, tiene miedo. «Sí, somos diferentes. ¿Y qué?», proclaman con orgullo, pero sin desafío. Este grupo de chicas y chicos es al que temen las grandes marcas de moda. Y por eso los castigan con el silencio. Su delito, padecer algún tipo de discapacidad. Su lucha, ser reconocidos como modelos de pasarela. «Hace cuatro años, fundamos el proyecto Integra», explica Olga Cegarra, la directora de la agencia barcelonesa Fashion Group, la única en el Estado español que apuesta por la inclusión de estos modelos especiales en el ámbito de la moda. «Si los discapacitados forman parte de la sociedad con iguales derechos y obligaciones que los demás, ¿por qué se les niega la posibilidad de verse representados en los anuncios publicitarios, en las pasarelas?». La directora se responde a sí misma. Y miedo es la palabra que escoge para justificar este vacío, pese a que los discapacitados constituyen casi un 10% de la población del Estado español. «Las grandes marcas no quieren que un modelo especial anuncie una campaña. Piensan que les harían bajar las ventas». Un miedo que Cegarra no conoció cuando, tras fallecer su sobrina de nueve años, microcefálica, creó en su honor el proyecto Integra. «A ella le entusiasmaba la moda –recuerda–. De manera que hoy tenemos en la agencia modelos ordinarios y modelos con capacidades distintas que desfilan juntos en las pasarelas. Por otra parte, todos los modelos discapacitados tienen beca gratuita de formación. Puede parecer raro, pero nuestra agencia es más emocional que material». Maite Villalón, psicóloga y cofundadora de la iniciativa, asiente. Sus cometidos, entre otros, son elaborar el plan de aprendizaje para estos modelos especiales y atenderlos en caso de que pudiera sobrevenirles un ataque de ansiedad en la pasarela. «Algo que no ha ocurrido jamás», señala. Niguna de las grandes marcas apuesta por ellos. «Nos aportan energía y aplomo», reconoce Onara, una modelo convencional que comparte pasarela con sus compañeros discapacitados, quienes, sin excepción, afirman haber ganado en autoestima desde que desfilan. «Los tratamos igual que a los modelos ordinarios», remacha Lorena López, la profesora de pasarela de la agencia. «Lo único que distingue a estos chicos es que podrían ser grandes profesionales si se les diera una oportunidad». Algo que no ha sucedido aún. Ninguna de las grandes marcas ha apostado por ellos. En los desfiles, los modelos de Fashion Group lucen ropa de magníficos diseñadores, pero emergentes. «Eso es lo que hay que cambiar», protesta Ernesto, con síndrome de Down. «En el extranjero ya lo han hecho. ¿Por qué aquí, no?» Y lo ejemplifica con la Semana de la Moda de Nueva York, que ha superado ya ese clasicismo mineralizado y reseco, y lleva varias ediciones incluyendo en sus desfiles a modelos con algún tipo de discapacidad. La última fue Madeline Stuart, una australiana de 18 años con síndrome de Down que triunfó en el desfile de la firma FTL Moda. «¿Por qué aquí, no?», insiste Ernesto. Los alumnos caminan ahora hacia al espejo. La profesora les corrige o perfecciona una pose. Después, pruebas de vestuario, maquillaje, sesión de fotos. En breve, esta veintena de modelos se enfrentará al público. «Tuve miedo el primer día, pero ya no», recuerda Andrea, con parálisis cerebral. «Yo siento mucha magia», interviene Cristina, discapacitada intelectual, mientras espera su turno en el plató fotográfico y confiesa que siempre ha querido ser modelo. Sonríen Víctor y Sofía, hemipléjicos de nacimiento. El primero, también maestro de ajedrez, habla del pensamiento único de la moda. «En el fondo, les asusta nuestra discapacidad», resume. La segunda cabecea: «Lo peor de la moda, que sería maravillosa si transmitiera más amor, es que quiere que todos seamos iguales».