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IRITZIA

Sospechosos


El complejo monstruoso de espionaje civil revisará si hay algo escrito aquí preocupante o alarmante. Tienen la capacidad para ver, escuchar y leer todo lo que hacemos y expresamos, todo. Eso fue lo que reveló Edward Snowden. Arriesgó todo para alertar a los ciudadanos de esta sociedad «libre y con derechos fundamentales» de que, sin su permiso ni bajo ninguna autorización judicial, el Gobierno tiene la capacidad de seguirlos y perseguirlos. Revelar la verdad sobre lo que un gobierno hace en nombre de su pueblo aparentemente puede ser un delito muy grave. De la Casa Blanca para abajo, la respuesta fue perseguir y enjuiciar al que se atrevió a hacer tal cosa y buscar encarcelarlo con base en una antigua Ley de Espionaje de 1917. De hecho, vale recordar que el Gobierno de Barack Obama ha acusado a tres veces más funcionarios y periodistas según la Ley de Espionaje que todos sus antecesores… combinados.

Los whistleblowers –los que «soplan el silbato» para alertar al público sobre abusos y violaciones dentro de un Gobierno o una empresa– ahora son considerados una especie de traidores. Snowden, entre otros, han indicado que sus motivaciones no son más que defender la democracia, y asegurar que los ciudadanos sean los que decidan qué está en su interés y qué no. En una entrevista reciente con el “Financial Times”, Snowden declaró que el hecho es que las autoridades «saben más de nosotros que nosotros mismos, pero al mismo tiempo no estamos autorizados a saber ningún detalle de sus programas y políticas, de sus prerrogativas e intereses. Y esto, de manera muy fundamental, es corromper la democracia, porque el principio fundamental de la democracia es que el Gobierno opere con el consentimiento de los gobernados, pero ese consentimiento solo tiene importancia si está informado. Y eso es lo que hemos perdido». Agregó que la lección de lo que sucedió en 2013 al darse a conocer sus filtraciones «no es sobre vigilancia, sino sobre democracia. Se trata de si nosotros, la opinión pública, vamos a tener un gobierno que realmente nos sirva, en lugar de un Gobierno al que estamos sujetos… Esto no implica que el Gobierno sea el enemigo… pero necesitamos reconocer que hay algunos principios que tienen que ser defendidos, no solo contra adversarios y rivales extranjeros, sino contra nuestros propios gobiernos, porque la amenaza a los derechos no proviene de enemigos, sino del poder».

Los gobiernos primero rechazaron todo lo que reveló Snowden –Obama aseguró a su pueblo que «el Ejecutivo no está escuchando tus conversaciones telefónicas»– solo para después, poco a poco, confesar que sí están escuchando y leyendo casi todo, o tienen la capacidad de hacerlo. También Obama, su procurador general Eric Holder, y diversos legisladores, todos los cuales habían condenado a Snowden, a “The Guardian” y a “The Washington Post” por difundir las revelaciones, poco a poco aceptaron que había «excesos», que el equilibrio entre «seguridad nacional» y las libertades civiles tenía que ser mejor evaluado, y que Snowden generó un debate necesario.

Recientemente se lanzó una campaña internacional para exigir que antes de dejar la presidencia Obama otorgue un perdón a Snowden para que pueda regresar de Rusia, donde está exiliado desde hace más de tres años sin enfrentar un juicio que podía implicar una pena de treinta años o más de prisión. Entre los promotores de la campaña están la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), Amnistía Internacional y Human Rights Watch. «Gracias a Snowden –declaran–, a su acto de conciencia, los programas de vigilancia han sido sujetos al escrutinio democrático… Snowden debería ser elogiado como héroe. En lugar de eso, está exiliado en Moscú… Él nos defendió a nosotros, y es hora de que nosotros lo defendamos a él». (https://pardonsnowden.org )

Un amplio y destacado elenco de figuras se ha sumado a la campaña, desde Daniel Ellsberg, el famoso «filtrador» de los Papeles del Pentágono, hasta Oliver Stone quien, al estrenar su película “Snowden”, también se sumó a este esfuerzo al denunciar en el Festival de Cine de Toronto que «los estadounidenses no saben nada de esto (el espionaje masivo) porque el Gobierno miente todo el tiempo sobre ello». Espera que esta película aumente la presión sobre la Casa Blanca para perdonar a Snowden.

Pero tal vez la pregunta es más bien si Snowden, junto con los pueblos vigilados; si los sospechosos del mundo, si incluso los que leen esta columna, deben perdonar o no a sus gobernantes por haberlos espiado; por saber qué piensan, a quién odian, a quién aman, qué les da risa, cuáles son sus sueños, sus pesadillas o quiénes son sus amigos, y sin pedir permiso.

Hay sospechosos que necesitan ser mejor vigilados por las masas.