20 NOV. 2016 movimiento «declutter» PON ORDEN EN TU VIDA Los norteamericanos, tan dados a ponerle nombre a todo, lo han bautizado como «declutter», que significa algo así como simplificar u organizarse. Sus «gurús», que hay varios, lo que preconizan es que cuanto menos tengamos más felices seremos. De vaciar los armarios, a llenar tu vida. Amaia Ereñaga {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Marie Kondo, una treintañera japonesa, dio el pelotazo editorial el pasado año con “La magia del orden”, el libro en el que resumía su método como «consultora ordenadora». Sí, porque existe ese oficio como tal. Por 100 dólares a cambio de cinco horas de trabajo, Marie Kondo se plantaba en casa de su cliente y desechaba hasta conservar solo lo necesario. Para ello utilizaba un baremo muy especial: solo hay que conservar lo imprescindible y lo que nos hace felices. De paso, «inventó» un sistema de plegado de la ropa en vertical, lo que permite dejar mucho espacio libre de almacenaje. Esta mujer, que iba para socióloga, se dio cuenta que el trabajo que estaba haciendo tenía tanto de práctico como de psicológico, porque arreglar el desorden no afecta únicamente al espacio físico, sino también a la mente. A lo largo de nuestra vida apilamos demasiado y necesitamos menos de lo que creemos para vivir. Según Marie Kondo, solo hay que quedarse con los objetos que te dan alegría, con los que te sientes bien y te dan satisfacción. El resto, o los regalas o los tiras; eso sí, después de agradecerles sus servicios. Pocos meses después de la publicación del libro su nombre se convirtió en un método –KonMari, un juego con su nombre y apellido–, un verbo –hacer kondoing– y su enfoque zen del orden se transformó casi en una filosofía de vida. El pasado mes de octubre salió a la venta “La felicidad después del orden”, el tercero de sus libros. Editado en castellano por Aguilar, esta nueva entrega ha sido nuevamente un bombazo al ser traducida a cuarenta idiomas, entre ellos el catalán, y con unas ventas de seis millones de copias en todo el mundo. “La felicidad después del orden” ha permanecido en la lista de best sellers de “The New York Times” durante 86 semanas, y ha servido a su vez como acicate para el siguiente paso lógico: la creación de un programa de entrenamiento para la obtención del certificado de organizador en el método KonMari. Este método se enmarca dentro de una corriente surgida en países del denominado primer mundo que enlaza con conceptos de menor consumismo. Lo curioso es que, pese a su simplicidad, no deja indiferente a nadie. Se han escrito numerosos artículos a favor o en contra, periodistas lo han probado y aprobado en persona –uno de ellos, Angela Buttolph, del británico “Telegraph” y madre de un niño de corta edad, tiró el 65% de los objetos de su casa– y famosos como Jamie Lee Curtis (“Un pez llamado Wanda”) son fan declarados. De hecho, la actriz lo reconocía este mismo verano en las páginas de “Time”, donde Marie Kondo aparecía incluida en la lista de las cien personas más influyentes del mundo de 2015. Jamie Lee Curtis recomendaba su método «a cualquier persona que luche con el exceso material de vivir en una sociedad privilegiada». ¿Pero qué tiene de especial el método KonMari? En que cambia la forma de ordenar las cosas, evitando, por ejemplo, lo que llama el «efecto rebote». Cuando empezamos a almacenar creamos la ilusión de un cierto orden, pero lo que hacemos es ocultar cosas que realmente no necesitamos en un armario o una estantería. Tarde o temprano esas unidades de almacenaje se llenan y el caos resurge. Marie Kondo recomienda quitar lo superfluo con una serie de trucos, como organizar el orden por categorías, no por ubicaciones: primero la ropa, continuando con los libros, los papeles, objetos varios, a los que ella denomina komono, y terminando con los objetos sentimentales. Hasta terminar de organizar y desechar en una categoría no empezaremos con la siguiente. Para Kondo es mucho mejor doblar la ropa a colgarla, porque con un sencillo método –haciéndole varios pliegues; hay tutoriales en Internet– podremos localizarla de un vistazo en el cajón. La clave está en guardar la ropa en vertical y no en horizontal. También los calcetines, que ella cree que se ahogan cuando enrollan sobre sí mismos para guardarlos, ya que bastante han trabajado durante el día. Hay que dejarlos descansar por la noche. En cuanto a la ropa para colgar, es partidaria de organizarla en el armario en función de su peso visual: las prendas pesadas en el lado izquierdo y las ligeras a la derecha. Respecto a los papeles, recomienda desechar casi todos –manuales, extractos... todos están en Internet– y los que no nos queda más remedio conservar hay que agruparlos en dos categorías: los que hay que tener a mano (contratos, hipotecas...) y cosas pendientes (facturas, citas...). Los minimalistas. Ellos son Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus, más conocidos por sus cuatro millones de lectores como “The Minimalists”. Son los «gurús» de una corriente de pensamiento basada en el declutter, aunque pretenden ir más allá que Marie Kondo. Esta pareja de ex ejecutivos, ahora autores y oradores de éxito, abandonaron sus carreras en 2010 para buscar una nueva calidad de vida en base a los principios del minimalismo, siguiendo la estela del filósofo y escritor Henry David Thoreau. En el camino dejaron también sus posesiones materiales y se fueron a vivir al campo –ahora viven en Missoula, Montana–, a la vez que creaban una página web, TheMinimalists.com, con la idea de intercambiar experiencias. Dan charlas en universidades, se les puede ver también en los programas televisivos de más éxito y hasta han protagonizado un documental indie titulado “The Minimalist”. «El decluttering es, en general, una farsa. Si lo que usted busca es averiguar cómo organizar su armario, está en el lugar equivocado –escriben en su blog–. No encontrará nada que se parezca a algo así como ‘67 formas de ordenar un hogar desordenado’, porque el decluttering en sí mismo no resuelve el problema: ver cómo deshacernos de nuestras cosas solo responde al ‘qué’, no al ‘porqué’. Todos sabemos, instintivamente, cómo ordenar. Podemos empezar por algo pequeño: ordenar cada vez una habitación y que todo vaya progresando hacia una vida simplificada. O podemos ir a lo grande, alquilando un contenedor y tirándolo todo para vivir una vida más satisfactoria. O podemos optar por algo más moderado: sumergirnos en una fiesta de embalaje y abrazar el lado divertido de decluttering (...). Decluttering no es el resultado final, es simplemente el primer paso. Usted no se convertirá instantáneamente en una persona feliz únicamente deshaciéndose de sus cosas. No funciona así. Cuando nos deshacemos de la mayoría de nuestras posesiones, nos enfrentamos a nuestro lado oscuro: ¿Por qué he dado tanto significado a lo material? ¿Qué es realmente importante en la vida? ¿Por qué estoy descontento? ¿Quién es la persona que quiero ser? ¿Cómo definiré mi propio éxito? Estas preguntas son mucho más importantes que simplemente deshacerse de nuestras posesiones materiales: si no se responde con rigor, entonces el armario que acabas de organizar estará lleno de nuevas compras». De acuerdo, empezaremos ordenando nuestra casa, pero ¿cómo llegaremos a algo tan difícil de simplificar como nuestra vida? A continuación, por cortesía de The Minimalist, un resumen de las diez cosas más importantes que, se supone, hay que hacer llegar a la sencillez: reducir las posesiones materiales, porque demasiadas nos complican la vida; reducir los compromisos, porque la mayoría llenamos nuestros días de compromisos de todas clases y hay que liberarse de los que no sean necesarios; reducir el número de metas que nos fijemos haciendo una lista de las que deseamos lograr y acometiéndolas de una en una; acabar con los pensamientos negativos, porque son inútiles; si una deuda económica nos ahoga, reducir gastos y vivir con menos; usar menos palabras, «sé llano y honesto», dicen; reducir los ingredientes artificiales de nuestra dieta; reducir el tiempo ante las pantallas, porque la tecnología empieza a dominar nuestras vidas, y apagarlas; reducir las conexiones con el mundo apagando el móvil o cerrando la sesión de las redes sociales y, finalmente, acabar con la multitarea, que produce estrés y disminuye la productividad. Cuando acabemos una tarea, acometeremos la siguiente. Es decir, igual que si ordenáramos un armario.